sábado, 31 de enero de 2015

"...cayeron él y el rucio en una honda y escurísima sima..." (3)




Tercera parte del comentario al capítulo 2.55 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada titulada "El reencuentro"correspondiente al día 24 de junio de 2010. 

Los duques fingen maravillarse, bien saben ellos de qué gruta se trata. Lo que no entienden es cómo el villano deja el gobierno así sin más, sin tener ellos aviso.

Llevan mucha gente y muchas cuerdas. No fue tarea fácil sacarlos de las tinieblas a la luz del sol. Un estudiante que lo ve comenta que los malos gobernadores deberían salir del gobierno como sale éste: hambriento, descolorido y sin blanca. ¿De dónde sale este estudiante? ¿Es del castillo o va de camino?

Salga de donde salga, a Sancho le molesta el comentario y se dirige a él como “hermano murmurador” y le contesta con un resumen de sus ocho o diez días de gobierno. Ha perdido la cuenta.

Nunca se vio harto de pan, lo han perseguido médicos y le han molido los huesos. Ni cohechos ni derechos ha cobrado, no merecía salir así. Y desgrana el rosario de refranes, ése que otras veces irrita sobremanera a don Quijote.

Esta vez no es así. Su amo, muy sosegadamente, le pide que no se enoje, que digan lo que quieran, imposible atar la lengua de los maldicientes. Si sales rico, ladrón. Mentecato, si sales pobre. Y Sancho está seguro: esta vez le toca pasar por tonto.

Rodeados de gente, llegan al castillo, en cuyos corredores esperan ya los duques. El altivo noble ha de esperar porque Sancho ha de acomodar antes al dolorido rucio. Un pequeño giro al orden social establecido provoca la sonrisa cómplice del lector, pero Cervantes sabe que no debe pasarse. Al fin, el del burro, sube a ver a los duques, puesto de rodillas, qué menos.

Se explica “ante su grandeza”. Si fue gobernador fue por su voluntad , no por merecimiento. Entró sin nada y sin nada sigue. Los testigos pueden decir si ha gobernado bien o mal. Y lo ha hecho siempre con mucha, mucha hambre, por prescripción del doctor Pedro Recio. Le atacaron enemigos de noche, dicen los de la ínsula que la victoria fue por el valor de su abrazo…si ellos lo dicen.

Hace un balance y llega a la conclusión de que sus hombros no pueden con tales cargas. Antes de que el gobierno termine con él, él termina con el gobierno. Deja la ínsula como estaba, nada se lleva, no pidió prestado ni se metió en líos. No hizo ordenanzas que para que no se cumplan…

Salió solo con su rucio y cayó en una sima, de la cual acaba de salir, gracias a su señor don Quijote. Y con gran desparpajo les comunica al duque y la duquesa “que no se le ha de dar nada por ser gobernador” de una ínsula o del mundo entero.

Y, besándoles los pies, da un salto, se sale del gobierno y se pasa al de su don Quijote. Todo como un juego de niños. Comerá el pan con sobresalto pero se verá harto. Harto de zanahorias o perdices, qué más da, la tripita llena y ya está.

Don Quijote temeroso de que había de decir miles de disparates , respira aliviado y da gracias al cielo. Han sido tan poquitos, qué bien le ha sentado la oscuridad de la caverna, debía ser la de Platón. 

El duque abraza a Sancho y le manifiesta su pesar por haber dejado tan presto el gobierno, tal vez otro oficio menos pesado y más apropiado a su condición social…La duquesa también lo abraza y manda que le regalen, que está molidísimo.

Un abrazo de María Ángeles Merino


Copiado de "La arañita campeña", de la entrada con el mismo título.
http://aranitacampena.blogspot.com.es/2010/06/cayeron-el-y-el-rucio-en-una-honda-y_26.html

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