lunes, 1 de septiembre de 2014

"y en viéndole, embrazando su escudo y puesta mano a su espada, se adelantó a recebirle don Quijote"





Cuchillería burgalesa y fiero jabalí listo para ser asaetado por lápices de colores.

Primera parte del comentario al capítulo 2.34, del Quijote. Publicado en "La acequia", en la entrada titulada "Un día de campo para iniciar la burla", correspondiente al día 28 de enero de 2010.

Que cuenta de la noticia que se tuvo de cómo se había de desencantar la sin par Dulcinea del Toboso, que es una de las aventuras más famosas deste libro.

El duque y la duquesa se regocijan con las conversaciones quijotescas y sanchescas; pero son insaciables, quieren más y mejor diversión.

Y eso tan interesante de la misteriosa cueva de Montesinos, con el encantamiento de Dulcinea, les viene como anillo al dedo. Van a aprovecharlo para su montaje teatral. Ellos son “grandes” y pueden organizarlas a lo grande.

De lo que más se admira la duquesa es de la simplicidad de Sancho. Se ha tragado lo de Dulcinea encantada, habiendo sido, él mismo, el encantador y el embustero.

Preparan una montería, actividad fundamental en la corte de los Austrias, dinastía reinante en esos primeros años del siglo XVII. Y los “grandes” no van a ser menos que sus reyes. El duque nos explicará por qué es un ejercicio tan conveniente para los “príncipes” ociosos. ¿Se atreve Cervantes a insinuar una velada crítica a la monarquía?

Dan a don Quijote un vestido de monte, pero no se lo pone, de ninguna manera, que un caballero andante no lleva lujos. En cambio, Sancho acepta gustoso ese sayo verde de finísimo y costosísimo paño. Echa cuentas: podrá sacar unos maravedíes de su venta. No es la maleta de Cardenio, pero menos da una piedra.

Don Quijote va armado y en su rocín, Sancho de verde y en su rucio. Se meten en la tropa de los monteros. El cortés caballero andante toma las riendas del palafrén de la duquesa. Llegan a un bosque, donde se reparte la gente por diferentes puestos, y comienza la caza. El estruendo es tal que no se oyen los unos a los otros: ladridos, gritos, voces, el son de las bocinas…Guauuu guauuuu, tusoooo, ahí vaaaa, cuidadooo, tutú tutúuuuu.

La brava duquesa, qué mujer esta, con su venablo, se apea y se coloca en un puesto conocido, a la espera de los fieros jabalíes que han de pasar por allí. No han de pasar,si se les lleva hacia allí como a corderitos.

Don Quijote y el duque, apeados, se colocan a su lado. Y Sancho, detrás y sin apearse. Viene hacia ellos un enorme y fiero jabalí, menudos colmillos luce, qué espumarajos sanguinolentos asoman por su boca. Ay, qué don Quijote, otra vez, es el Cid Campeador ante el león y se quiere plantar ante el colmilludo. Pero este bicho no lleva trazas de darse la vuelta y enseñar los cuartos traseros, como aquel león de la jaula. Y estamos en la segunda parte y don Quijote ya no es lo que era.

También el duque tiene dispuesto su venablo, mas la valiente duquesa procura adelantarse a todos. El duque no se lo permite, a dónde va esta costilla mía tan osada...quieta mujer.

Sancho ve al animalillo y da a correr todo lo que sus cortas piernas dan de sí e intenta subirse sobre una encina demasiado alta. Cuando está a la mitad, cogido a una rama, se desgaja ésta; sin embargo no cae al suelo, quedando asido de un gancho del árbol. Ay, que su valioso sayo verde se rasga y el cerdo peludo puede alcanzarle. Comienza a pedir socorro con unos gritos tan lastimeros que muchos piensan que la fiera ya se ha puesto a la faena de despedazarle. Menudo trabajo tiene el animal...Al pie de la encina, el rucio; la lumbre de sus ojos, valiente y fiel.

Finalmente, el jabalí cae acuchillado por una lluvia de venablos, de diversas procedencias.


Don Quijote descuelga al desconsolado Sancho. Ay el sayo desgarrado, ay este sayo que valía un mayorazgo. ¡Qué exagerado eres, escudero!

El poderoso jabalí yace inerte sobre un mulo, cubierto de romero y mirto, como un victorioso despojo. Lo llevan a unas tiendas de campaña donde espera la comida aderezada y puesta en la mesa. Comida a lo grande, dada por “grandes” que no reparan en gastos. ¡Sustanciosas espumas!

¡Qué confianza tiene Sancho con la duquesa! Le muestra su llagado vestido y le manifiesta lo poco que comprende este tipo de caza. No entiende qué gusto se saca de exponerse a perder la vida, como aquel Favila comido por un oso. Don Quijote, muy redicho, ve conveniente aclararle que Favila fue un rey godo. Y Sancho que a eso va, que no querría él que príncipes y reyes se pusiese en tales peligros, para matar a un animal inocente. Monárquico escudero…

El duque interviene para señalar al ejercicio de la caza como el más conveniente para reyes y príncipes. Es como la guerra: hay estrategias, se pasa frío y calor, espabila a los ociosos y dormilones, mide las fuerzas y mantiene ágiles los músculos. Así que Sancho gobernador ha de ocuparse en la caza y le cogerá el gusto.

El aludido no está de acuerdo y parafraseando un refrán machista destinado a las sufridas mujeres casadas: “el buen gobernador, la pierna quebrada y en casa”. Nada de holgarse en el monte, el gobernador ha de permanecer en su puesto, la caza para los holgazanes. Más claro, agua. Ya saben reyes y príncipes:”Ni cazas ni cazos”. ¡Cuidado Cervantes con la monarquía, que es absoluta!

Cartas y bolos, sólo los domingos y fiestas de guardar. Ése es el plan de ocio del escudero gobernador. Y, cuando don Quijote le advierte que “del dicho al hecho hay gran trecho”, comienza a ensartar refranes: las prendas del buen pagador, el que madruga, las tripas y los pies…El galimatías refranesco que tanto suele irritar a su amo.

No sé por qué se enfada, si él acaba de decir, precisamente, un refrán. Pues lo hace, maldito seas, tengan cuidado con él, que les molerá las almas, con sus refranes mal encajados…

Mas la duquesa le defiende, estima más los refranes de Sancho que aquellos bien traídos y acomodados. Con estos me divierto mucho más. Entérese don Quijote. El escudero se derrite de gusto, qué gran señora ésta y cómo habla… (Continúa)

Un abrazo a los que pasáis por aquí:

María Ángeles Merino

Copiado de "La arañita campeña", de la entrada con el mismo título.
http://aranitacampena.blogspot.com.es/2010/01/y-en-viendole-embrazando-su-escudo-y.html


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