miércoles, 2 de julio de 2014

Y, dejando a su señor, se fue a buscar al bachiller...



Un bachiller un poco antiguo pero no tanto como el del amigo Sansón...

Comentario al capítulo 2, 2 del Quijote, segunda parte, publicado en "La acequia", en la entrada titulada "
Afirmación de pareja e inicio de debatenarrativo", correspondiente al 18 de junio de 2009.


Los mimbres de este capítulo son tres, tres que van de dos en dos y por este orden: ama y sobrina, cura y barbero, don Quijote y Sancho. Comienza con el enfrentamiento entre Sancho y las dos mujeres, sigue con el cura y el barbero declarando como perdida la cordura del viejo hidalgo y termina con u jugoso diálogo entre amo y escudero.

Como si estuvieran protegiendo una fortaleza del acoso del mayor enemigo, ama y sobrina defienden la puerta de los envites de Sancho, al mismo tiempo que le arrojan una lluvia de insultos: monstrenco, maldito, golosazo, comilón, saco de maldades, costal de malicias…Cuando las mujeres sueltan, soltamos, la lengua no hay quien las pare, nos pare. Aquí tenemos al culpable, éste es el que llevó a mi señor por esos andurriales. Pero el increpado también tiene suelta la sin hueso: ama de Satanás, el llevado soy yo, que tu amo me sacó de casa con engañifas, prometiéndome una ínsula. ¿La ínsula se come? No, la ínsula se gobierna. No entraréis, iros a labrar vuestros míseros pedacitos de tierra.

El cura y el barbero se divierten oyendo el coloquio .Don Quijote, tan loco y tan sensato al mismo tiempo, teme que el escudero suelte algo inconveniente. Será mejor que entre a mis aposentos, que tengo mucho que hablar con él… Los examinadores se despiden, ya desesperan de la salud del hidalgo y declaran a amo y criado como pareja indisoluble, forjada en el mismo molde. No hay Quijote sin Sancho, no hay Sancho sin Quijote. Ya nos contarán el ama y la sobrina, que estarán con la oreja pegada a la puerta.


Don Quijote se muestra quejoso y aprovecha unas frases hechas para juguetear cómicamente con el lenguaje y tomar, un poco, el pelo a Sancho “: ¿Cómo dices que yo te saqué de tus casillas si yo no me quedé en mis casas? Le echa en cara este balance a su favor: “si a ti te mantearon una vez, a mí me han molido ciento”. Pero don Quijote dijo alguna vez que las desgracias son más anejas a los caballeros andantes que a los escuderos y Sancho se lo recuerda oportunamente. Y esos latinajos de «quando caput dolet” no convencen. Si su amo es la cabeza, él vio a la cabeza sin dolor alguno mientras lo manteaban.

Dejemos ese tema, lo que nuestro hidalgo quiere oír es la verdad sin lisonjas, lo que se comenta, en la aldea, de sus hazañas como caballero andante. Sancho teme la cólera de su amo, ante esa verdad “en cueros”. ¿Cómo le cuento yo ciertas cosillas que dicen por ahí? Bueno, él lo ha querido…ahí va. Para el vulgo, un grandísimo loco. Los hidalgos y los caballeros le reprochan que pretenda ir más allá de su clase social. ¡Con la rígida estructura social hemos topado! Se ha puesto don y pretende ser caballero, con tan poquita tierra que la despacha un buey en dos días. Los caballeros no quieren compararse con estos hidalgos pobretones que disimulan como pueden el mal estado de sus medias y sus zapatos. ¡Eso de las medias remendadas no va con don Quijote! ¡Él tiene a gala no ir nunca remendado! ¡Roto sí, eso no es infamante! Esta mentalidad hidalga era un poco extraña…a mí me lo enseñaron al revés.

Sancho resume así las opiniones de sus vecinos: “ni a vuestra merced ni a mí nos dejan hueso sano”. Siempre hay un pero: «loco, pero gracioso», «valiente, pero desgraciado», «cortés, pero impertinente”. Don Quijote, incurable optimista, recuerda que la calumnia acompañó siempre a la virtud. Y nos da una lista de vilipendiados: Julio César ambicioso y sucio, Alejandro Magno borracho , Hércules lascivo , Galaor rijoso, Amadís llorón…Es un honor que te calumnien…

Y todo esto han sido tortas y pan pintado, ya verá. Sancho le habla de un singular vecino de la aldea, un tal Sansón Carrasco, que viene de estudiar en Salamanca, hecho bachiller, el cual trae noticias de un libro titulado “El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha”. ¡Es increíble! En él se cuentan cosas que vivieron amo y escudero , a solas. Para la lógica quijotesca está claro, es un sabio encantador. A Sancho le parece que sabio y encantador debe ser quien dice llamarse nada menos que Cide Hamete …Berenjena o lo que sea.

Don Quijote está deseoso de conocer al bachiller y tener noticias de ese libro cuyo autor, el del nombre moro, tanto sabe de sus aventuras. Sancho va a buscarlo y entre los tres pasarán “un graciosísimo coloquio”. No se imagina el hidalgo manchego la que le ha caído con semejante guasón…

Un abrazo para Pedro y todos los que por aquí pasáis:


María Ángeles Merino

Copiado del blog "La arañita campeña", de la entrada con el mismo título.

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