miércoles, 9 de julio de 2014

"si fuese menester en una necesidad podría subir en un púlpito"


"¡Que sepa vuestra merced tanto, señor tío, que si fuese menester en una necesidad podría subir en un púlpito e irse a predicar por esas calles, y que con todo esto dé en una ceguera tan grande y en una sandez tan conocida, que se dé a entender que es valiente, siendo viejo; que tiene fuerzas, estando enfermo, y que endereza tuertos, estando por la edad agobiado , y, sobre todo, que es caballero, no lo siendo, porque aunque lo puedan ser los hidalgos, no lo son los pobres..." 

Comentario, en forma epistolar, al capítulo 2.6 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada titulada "Afirmación del camino personal", correspondiente al día 16 de julio de 2009.

Habla Antonia Quijana, sobrina de don Quijote.

Aquel día en que oímos a ese mentecato de Sancho hablar a su juiciosa Teresa de ínsulas y gobiernos, nos dimos por vencidas, predicábamos en desierto, sermón perdido. Lo habíamos ido comprendiendo, a medida que los sustanciosos caldos del ama iban haciendo efecto, cambiando aquel color amarillo por otro rosado más saludable. Irremediablemente volvería al ejercicio de la malandante caballería.

Mas no era empresa poco dificultosa cerrar la boca al ama, metamorfoseada en basilisco, que manifestó estar dispuesta a quejarse ¡nada menos que a Dios y al rey! , si mi tío persistía en sus intenciones aventureras. Confío en que nadie lo entienda como blasfemia…que las paredes oyen y el Santo Oficio... Don Quijote, como lo llamáis los que alentáis insensatamente sus locuras, no se inmutó. Dijo no desear causar pesadumbre a Su Majestad, que harto tenía con responder a los pesados memorialistas que escribían y escribían…

Y, a continuación, ¿qué creéis que se le pasó por el magín a mi buena y ocurrente nodriza? Pues le propuso que se hiciera caballero cortesano. ¡Discurso habemus!, dio en el blanco de su tema favorito. Efectivamente ya no cerró la boca hasta que llamaron a la puerta y… 


¡Caballero cortesano! De esos que conocen al enemigo sólo en pintura, bien comiditos y abrigaditos en sus aposentos, con su mapa en la mano, jugando a los soldaditos, mientras los caballeros andantes soportan el hambre, el frío y el calor, enfrentándose a un enemigo que mata. Nada de niñerías y desafíos, la guerra de verdad. Y un caballero andante no se ha de espantar por nada. ¡Ni por diez gigantes, de los que alcanzan las nubes, con tajantes cuchillos y amenazadoras porras con púas! No le han de espantar, gigantitos a mí, los acometerá de igual manera. El ama ha de ver la diferencia…y los príncipes también.

Pero, a continuación, fui tan sincera que provoqué la ira de mi querido tío, afirmando que todas esas historias son “fábula y mentira” e insinuando que debían ser señaladas como inmorales. ¡Nunca lo había visto tan enfadado conmigo! Si no fuera hija de su hermana, no sé qué terrible castigo haría conmigo, una “rapaza que apenas sabe menear doce palillos de randas “y se atreve a censurar a los caballeros andantes. Bueno, Amadís me perdonaría, no hace falta que me lo diga, lo conozco bien porque aprendí a leer con mi tío y el “Amadís de Gaula”, sin la ayuda de silabarios ni abecedarios… pero otros no son tan corteses y bien mirados, los hay “follones y descomedidos”…qué miedo.

Mi ánimo no quedó encogido con la filípica recibida y mi atrevimiento tocó techo: viejo, enfermo, agobiado, demasiado pobre para ser caballero… ¡Qué atrevimiento,qué poca vergüenza, Antonia!

En vez de castigarme, me dio la razón y me soltó una exposición sobre los linajes. Allí salieron a relucir faraones, ptolomeos, césares, príncipes, monarcas, medos, asirios, persas, griegos y bárbaros. ¡La Historia entera! Y algo muy hermoso, el camino a seguir por el caballero pobre que ha de ser: “afable, bien criado, cortés y comedido y oficioso, no soberbio, no arrogante, no murmurador, y, sobre todo, caritativo”. Si cuando mi tío habla de cosas serias…podría subir a un púlpito y los dejaría a todos con la boca abierta.

El discurso no acabó ahí, siguió con lo de las armas y las letras, el camino de la virtud, la senda del vicio…lo de siempre. Nos lo sabemos ¿verdad, ama mía? Y esos versos de Garcilaso, también ¿no es cierto?

Parecíame que nunca acabaría. Gracias al Cielo, llamaron a la puerta , mas era el aborrecido Sancho quien la aporreaba. El ama se escondió, caballero y escudero se encerraron en sus aposentos, allí tuvieron otro coloquio.

Vamos coligiendo que nuestro tío y señor quiere desgarrarse la vez tercera. Nada podemos hacer…

María Ángeles Merina, que si Antonia es Quijana yo soy Merina, un poco ovejuno queda el apellido...

Un abrazo a todos.


Copiado del blog "La arañita campeña", de la entrada con el mismo título.
http://aranitacampena.blogspot.com.es/2009/07/si-fuese-menester-en-una-necesidad.html

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