jueves, 24 de julio de 2014

"...la fresca aurora...descubriendo la hermosura de su rostro, sacudiendo de sus cabellos un número infinito de líquidas perlas..."



"En esto , ya comenzaban a gorjear en los árboles mil suertes de pintados pajarillos, y en sus diversos y alegres cantos parecía que daban la norabuena y saludaban a la fresca aurora, que ya por las puertas y balcones del Oriente iba descubriendo la hermosura de su rostro, sacudiendo de sus cabellos un número infinito de líquidas perlas..."


Comentario al capítulo 2.14 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada titulada "Un conflicto de identidades entre parodia y burla", correspondiente al día 10 de septiembre de 2009.

En el capítulo anterior dialogaban los mozos, en éste razonan los caballeros. Cervantes rompe con la normativa clasista para ajustarse a su esquema: diálogo-acción. 


Comienza el del Bosque con sus cuitas amorosas. Ay, su Casildea de Vandalia ¡qué hercúleos trabajos le ordena! Someter a la broncínea giganta Giralda para que no soplen sino vientos norte, practicar halterofilia con los pétreos toros de Guisando y zambullirse en la egabrense sima, desvelando sus infernales secretos. Ni por esas se ablanda el corazón helado de Casildea. El boscoso sólo consigue esperanzas muertas y desdenes vivos. Y veamos la última ocurrencia de la caprichosa vándala: que su valiente y enamorado caballero recorra toda España, en busca de otros andantes, para extraerles una trascendental confesión: Casildea es la más hermosa entre todas las mujeres vivas. Afirma haber rendido a muchos que no han osado contradecirle y se muestra orgulloso de haber vencido al supremo vencedor: el tal don Quijote. ¡Y le ha forzado a confesar que Casildea es más bella que Dulcinea! ¡La gloria, la fama y la honra transferidas al forestal caballero!

Pero… ¿qué herejías dice este mentecato? ¿Don Quijote vencido? ¿Don Quijote reconociendo que hay una mujer más bella que Dulcinea? Nuestro caballero es una bomba a punto de explotar. A punto está de gritar el” mentís”, pero se contiene cortésmente. Otros caballeros, tal vez, hayan realizado tan extravagante confesión. El de la Mancha, jamás. Alguien parecido, podría ser…

El del Bosque replica, como un nuevo César, que peleó, venció y rindió a un hombre alto, seco, avellanado, con grandes y lacios bigotes…su escudero Sancho, su rocín Rocinante y su enamorada Dulcinea. Todo coincide y su espada” hará dar crédito a la mesma incredulidad “.

El de la Triste Figura, sosegado, reconoce que las señas son “puntuales y ciertas” y da la explicación en línea con su locura. Un enemigo encantador habrá tomado la figura de ése don Quijote, su mayor amigo, dejándose vencer por privarle de la fama. Y hay uno muy especial, el “que de ordinario le persigue”. ¿Avellaneda? No sabemos si, al escribir estas líneas, Cervantes poseía noticias del Quijote apócrifo.

Al recordar la conversión de Dulcinea en una “aldeana soez”, se acaba la contención del caballero. No se le aparta de la mente la imagen saltarina y pollinesca de aquella labradora. No aguanta más, se presenta como don Quijote y le desafía con la fórmula habitual. El del Bosque, sosegadamente, acepta el reto. Si pudo vencer al doble, podrá derrotar al auténtico. Mas pone dos condiciones que su rival acepta: no han de combatir a oscuras, eso es de rufianes, y el vencido quedará a disposición del vencedor.

El forestal y el manchego van en busca de sus criados que duermen juntitos, en amor y compañía, bajo los efectos del tintorro y la lepórida empanada. Los señoritos espabilan a los roncadores y les mandan a buscar a los cuadrúpedos. Se anuncia una batalla “sangrienta, singular y desigual” y el buen escudero teme por su loco amo.

El criado del forestal hace saber a Sancho que si los amos pelean, los criados han de pelear también. Y Sancho, que todavía luce en su cuerpo las señales de los pasados golpes, muestra un ejemplar pacifismo. Eso para los rufianes, no para escuderos. Su amo se sabe al dedillo todas las ordenanzas y nunca le ha oído decir tal disparate. Y si fuera verdad, no la cumplirá, antes pagará la pena por desobediencia; que le saldrá más barato que las hilas precisas para curar una cabeza partida, cual sandía. Y, además, como no tiene espada…

No hace falta espada, su oponente propone una riña a talegazos. Y las talegas con relleno de guijarros. ¡Con lo que duele eso! ¡Ni con relleno de capullos de seda! Bebamos y vivamos mientras los señoritos se lastiman. Ya caeremos del árbol de la vida, como fruta madura.

El del Bosque insiste, venga, por lo menos media horita… Pero Sancho, con muy buen juicio, se niega a pelearse con quien ha comido y bebido. Y, además, sin cólera y sin enojo ¿cómo reñir? ¿reñir a secas? Para que no sea a secas, el colega propone adelantarse con tres o cuatro bofetadas para la dormilona cólera. ¡Bueno es Sancho para dejarse sobar el rostro! En ese caso, replica, contestaría con unos garrotazos que le hagan dormir y no despertar, a no ser en presencia de San Pedro. La violencia de Sancho no pasa de ser verbal, propone que dejen dormir la cólera, que así lo quiere Dios y concluye con una fórmula de aplazamiento usada por escribanos: “que corra por su cuenta todo el mal y daño que de nuestra pendencia resultare”.

“Amanecerá Dios y medraremos” replica el criado boscoso y, en efecto, amanece. Un amanecer muy literario, tal vez parodia de otros textos, quizás tópico, pero me gusta. Gorjeo de pajarillos, aurora, balcón de Oriente, líquidas perlas de rocío, yerbas cuajadas de aljófar, sauces con maná, fuentes reidoras, arroyos murmuradores…se hace la luz y, entre tanta belleza, asoma la narizota del otro escudero: enorme, curva, con verrugas, amoratada. Contraste barroco…Sancho se ríe convulsamente y piensa que a ver quién se atreve con semejante “vestiglo”.

El rival de don Quijote oculta el rostro tras la celada, es membrudo mas no muy alto y, sobre sus armas, lleva una tela con muchos espejuelos en forma de luna. No olvida las plumas verdes, amarillas y blancas. Vistoso, sí señor. Muestra ser de grandes fuerzas, la lanza es enorme y muy gruesa; pero nada de eso intimida a nuestro valiente caballero.

El del Bosque se niega a alzarse la visera y pone un pretexto tonto. Don Quijote le pide que, mientras suben al caballo, manifieste si está ante el mismo don Quijote que fue vencido. Su rival contesta afirmativamente, se le parece como un huevo a otro.

Ambos contendientes toman la distancia necesaria para embestir. Sancho se va detrás de su amo porque no quiere quedarse con el narigudo. Le pide que le ayude a subirse a un alcornoque para ver mejor el encuentro, a lo cual accede que, en lo del miedo al narizotas , no le falta razón a Sancho.

El de los Espejos va al encuentro de su enemigo, en un mediano trote, más no sabe; pero viéndole ocupado en aupar a Sancho, se detiene en mitad de la carrera. El caballo agradece este descanso. Uf , el pobre caballejo ya no podía más. El de la Mancha imagina que su enemigo viene volando y, arrimando las espuelas al pobre rocín , le hace correr por primera vez en su vida. Con furia llega donde el de las lunas no consigue que su caballo se mueva un dedo, a pesar de aguijarle a fondo. Don Quijote aprovecha que el de las plumas no acierta a poner la lana en ristre. Le derriba, haciéndole caer por las ancas. No mueve pies ni manos ¿estará muerto?


Un abrazo:

María Ángeles Merino

Copiado de "La arañita campeña", de la entrada :"...la fresca aurora...descubriendo la hermosura de su rostro, sacudiendo de sus cabellos un número infinito de líquidas perlas..."
http://aranitacampena.blogspot.com.es/2009/09/la-fresca-auroradescubriendo-la.html

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