sábado, 19 de abril de 2014

¡Vaya empanada libresca y caballeresca que tienen los dos!




Don Quijote y su pasión lectora según unos "sanchicos" y "sanchicas", dirigidos por una excelente profesora de Plástica que lo ha titulado "Leo". Pintura, alambres, chapas,bancos suecos e imaginación. Mi enhorabuena.

"Donde se trata del discreto coloquio que Sancho Panza tuvo con su señor don Quijote"

Sancho tiene cogido a su señor: su merced bebe, come y responde, luego de encantamiento, nada de nada. A don Quijote no le convence el argumento, los tiempos cambian las costumbres y vete tú a saber qué clase de encantamientos están ahora de moda. Nuestro hidalgo posee otro razonamiento. Menudo cargo de conciencia, tanta gente necesitada del poder de su brazo y yo aquí en la jaula, vaya cuajo.

El buen y leal escudero no se corta, venga déjese de historias y monte al pobre Rocinante .Puesto que no hay animal que más tarde o más temprano no se parezca a su amo, tenemos un rocín tan melancólico como su amo.

Sancho promete enjaularse, él también, si no es capaz de liberarle. Don Quijote manifiesta estar dispuesto a obedecer en lo que respecta a su liberación, pero no cree en ella.

Se reúnen con el cura, el canónigo y el barbero. El boyero suelta a los bueyes y el cura, tras los ruegos de Sancho el fiador, suelta a don Quijote. Antes, da la palabra al canónigo de no apartarse, alegando su falta de libertad y la posibilidad de cierto olorcillo, no muy agradable.

Nuestro hidalgo se estira y se dirige, esta vez, a su Rocinante, flor y espejo de los caballos. Con la ayuda divina volverán a cabalgar, atribuyendo el mismo deseo al viejo rocín, no sé yo…Y llega el momento tan esperado, el enjaulado se aparta y vuelve más aliviado.

El canónigo se extraña del bonísimo entendimiento del loco, cuando no trata de caballería. Sentado en la hierba, recrimina al mismo tiempo que demuestra no haber dejado sin leer una sola de las novelas de caballerías publicadas. Comienza la reprimenda: “¿Es posible, señor hidalgo, que haya podido tanto con vuestra merced la amarga y ociosa letura…?”A continuación pasa revista a toda la erudición caballeresca del falsísimo sermoneador: Amadís, el emperador de Trapisonda, Felixmarte de Hircania, palafrenes, doncellas andantes, sierpes, endriagos, gigantes, princesas enamoradas, escuderos condes, enanos graciosos, mujeres valientes… ¡Vaya empanada libresca y caballeresca! Está leyéndolos tan a gusto cuando, de repente, ¡zas! ¡A la pared va el tomo! Y no arroja el peor sino el mejor. Estamos ante una relación de amor-odio.

¿Y qué debe leer un bien nacido y discreto hidalgo de la Mancha? Para contestar a esto, el sermoneador le propone algo de las Sagradas Escrituras, como no y comienza una relación de personajes históricos: Viriato, César, Aníbal, Alejandro Magno, Fernán González, el Cid…Ésa sí sería una lectura digna de un buen entendimiento. Mas… huiría del fuego y caería en las brasas, porque de muchos de ésos la Historia sabe muy poco y, en compensación, han sido tan literaturizados que tienen más de héroes ficticios que de personajes históricos. Pensemos en el Cid…

Don Quijote resume lo que para él es una blasfemia y fuerza al canónigo a confirmarla: no ha habido caballeros andantes en el mundo, los libros de caballerías son falsos, mentirosos, dañadores e inútiles para la república, no ha habido Amadís ni ningún otro caballero andante, los libros me han vuelto el juicio, por ello estoy en la jaula y, en conclusión, debería leer libros verdaderos.

Y el hidalgo da la réplica, con toda su empanada libresca y caballeresca. Amadís, Guy de Borgoña, lo de Fierabrás, Guarino, Mezquino, el Santo Grial, Tristán, Iseo, Ginebra, Lanzarote, la dueña Quintañona, Magalona… El canónigo se queda admirado, éste ha leído más que yo, que ya es decir…Y, como don Quijote se ha metido en temas que le gustan, entra al trapo y responde al discurso quijotesco con precisiones acerca de los Doce Pares de Francia y una clavija ...Se han juntado dos puntillosos. Don Quijote no debe creer tanto disparate…

Un abrazo para Pedro y todos los paseantes:

María Ángeles Merino

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