viernes, 18 de abril de 2014

La venta parece el camarote de los hermanos Marx


Han pasado dos días y la venta parece el camarote de los hermanos Marx. No cabe un alfiler y es tiempo de partirse ¿en cuántos trozos?

Bromas aparte, la ilustre compañía, la de la venta, decide que ya es tiempo de llevar a don Quijote a “procurar la cura de su locura en su tierra”. Con la Psiquiatría de entonces…

Echan mano de la farsa micomiconil; pero Dorotea y don Fernando no se toman la molestia de llegarse hasta la aldea. ¡Faltaría más!

Por casualidad, pasaba por allí un carretero de bueyes y conciertan con él. Oiga buen hombre, cuánto nos lleva por transportar a este loco que tenemos aquí, no se escapa, no se preocupe, le hemos preparado una jaula de palos enrejados. La aldea no está lejos, se llama…dejémoslo que Cervantes no quiso acordarse.

El cura es , ahora, el director de orquesta, Don Fernando con sus camaradas, los criados de don Luis, los cuadrilleros y el ventero, todos se cubren el rostro y se disfrazan y se ponen en marcha para realizar una lúgubre visita al de la Triste Figura. Atado de pies y manos por sus misteriosos visitantes, piensa que aquellas figuras son fantasmas de aquel encantado castillo. No se puede mover, luego ya estaba encantado, deduce.

Sancho es el único que es el que es, aunque no le falta mucho para tener la enfermedad de su amo. Reconoce a “aquellas contrahechas figuras”, no está tan tonto o tan loco. Y se calla, a ver en qué para todo aquello.

Mientras lo sacan del aposento, se oye la voz temerosa, como dando miedo, del barbero maese Nicolás. Lo que dice es digno de figurar en una antología de parodias. No tiene desperdicio, destaquemos:”el furibundo león manchado con la blanca paloma tobosina yoguieren en uno, ya después de humilladas las altas cervices al blando yugo matrimoñesco; de cuyo inaudito consorcio saldrán a la luz del orbe los bravos cachorros, que imitarán las rumpantes garras del valeroso padre”.

Estas palabras-pronóstico, empapadas del arcaico y alambicado estilo de sus queridos libros, hacen muy feliz a nuestro caballero.¡ Casado con Dulcinea de la que nacerían los hijos del yugo matrimoñesco! Don Quijote, oyendo esto, se deja hacer lo que sea. Se derrite de gusto y contesta al fantasma con otra parrafada muy en la misma línea : “¡Oh tú, quienquiera que seas, que tanto bien me has pronosticado…” Si lo pronosticado se cumple tendrá” por gloria su cárcel “y la dura jaula se convertirá en “cama blanda y tálamo dichoso”.

Y, entre tanta felicidad, no se olvida de Sancho y su salario. Tendrá su ínsula o similar o, por lo menos, su salario no se perderá, puesto que lo ha dejado indicado en su testamento. ¡Cuánto sentido común para un loco! Agradecido Sancho le besa las dos manos atadas ¿Hay en el mundo otro amo que se pueda comparar con el mío?

Las “visiones” toman la jaula en hombros y la acomodan en el carro de los bueyes.

Un abrazo, otra vez, para Pedro y los paseantes.

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