domingo, 2 de febrero de 2014

¡Por fin me ha cautivado el cautivo!




"Más perlas pendían de su hermosísismo cuello, orejas y cabellos que cabellos tenía en la cabeza""


Comentario al capítulo 1,41 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada titulada "La fuga de Argel", correspondiente al día 19 de febrero de 2009.

El relato bélico ha dado paso a una historia de amor literaria. Literaria porque sólo en el mundo de la Literatura hay amores como el de Zoraida que elige al hombre de su vida entre los cautivos del patio, observándolo a través de su celosía. Y lo capta para irse hacia lo desconocido, para pasar a la otra orilla y cruzar la frontera entre dos mundos enfrentados. El momento clave, mi favorito, es el más tenso del relato. Zoraida confiesa a su padre, maniatado en la barca, sus verdaderos sentimientos e intenciones. La reacción del padre también es de antología.

La “Historia del cautivo” es una ficción desarrollada en un escenario real. Algo vivido con intensidad por Cervantes: personajes secundarios reales, geografía de la costa mediterránea, vocabulario morisco y marinero, costumbres recatadas de las mujeres de Berbería, gusto de éstas por las perlas, miedo de los moros a los turcos… Que quede bien claro que todo lo conoce como la palma de su mano, nos está hablando un auténtico cautivo en Argel, portador de un valioso testimonio.

En este capítulo, una vez pagado el rescate y convertidos los cautivos en hombres libres, hay que sacar a la bella y piadosa Zoraida, de la casa de su padre que con tanto celo y tan enjoyada la guarda. Una barca, con capacidad para treinta personas, espera a un tiro de ballesta de su casa. Hay que concretar la huida.

Nuestro cautivo entrará en el jardín con el pretexto de buscar hierbas para ensalada y la verá por primera vez. Hasta ahora sólo conocía su blanca mano...hermosa imagen. Se quedará deslumbrado por la hermosura y… porque la chica parece un muestrario de joyería. Veamos sus palabras: “Demasiada cosa sería decir yo agora la mucha hermosura, la gentileza, el gallardo y rico adorno con que mi querida Zoraida se mostró a mis ojos: sólo diré que más perlas pendían de su hermosísimo cuello, orejas y cabellos, que cabellos tenía en la cabeza. En las gargantas de los sus pies, que descubiertas, a su usanza, traía dos carcajes de purísimo oro, con… diamantes engastados.”Con todo eso, más un cofre con monedas, se meterá en la barca…

Tras cegarnos con el brillo de la mora y sus joyas, Cervantes, tal vez pensando en sus experiencias al respecto, no se reprime y suelta este comentario: “Porque ya se sabe que la hermosura de algunas mujeres tiene días y sazones, y requiere accidentes para diminuirse o acrecentarse; y es natural cosa que las pasiones del ánimo la levanten o abajen, puesto que las más veces la destruyen”. Sin comentarios feministas o machistas…

Cervantes convierte a Agi Morato, personaje real e influyente de Argel, en un ingenuo que provoca la risa o sonrisa del lector. Va a espantar a unos turcos ladrones de fruta y no desconfía ni del cristiano ni de su hija, ni siquiera cuando, a la vuelta, ve a ésta echándole el brazo al cuello. Porque Zoraida finge un desmayo, echando mano de un recurso muy socorrido y utilizado por las damas de las obras literarias, el Quijote incluido. Suspira y dice eso de ''Ámexi, cristiano, ámexi'': "Vete, cristiano, vete”. La pobrecilla se ha asustado de los turcos…

Todo preparado, llega el momento de meterla en la barca y no queda más remedio que llevarse al padre maniatado y amordazado. A Zoraida no le agrada esto pero la convencen de que no pude ser de otra manera.

A causa del viento y la mar algo picada, no pueden tomar la ruta hacia Mallorca y tienen que seguir “tierra a tierra la vuelta de Orán”. En un momento dado, Agi Morato que no entiende la situación ofrece todo lo que tiene a cambio de su libertad y la de su hija. Un poco después se da cuenta de que su hija no lleva precisamente la ropa de estar por casa. Se producirá el momento cumbre. Zoraida tiene que confesar su intención de cambiar de religión e irse con los cristianos de la barca, pasar a la otra orilla desde la que ya no hay retorno: ''La que es cristiana yo soy”. El hombre se desespera y se tira al agua mas sus largos ropajes lo salvan. Después de sacarlo del agua y reanimarlo, lo dejarán en un lugar de mal agüero, la cala donde, según los moros, está enterrada la Cava, la del viejo romance, la mala mujer por quien don Rodrigo perdió España. El moro dedicará a su hija ciertas lindezas referentes a su honestidad , pero tras las maldiciones volverá a ser el padre cariñosos que fue y gritará : ''¡Vuelve, amada hija, vuelve a tierra, que todo te lo perdono; entrega a esos hombres ese dinero, que ya es suyo, y vuelve a consolar a este triste padre tuyo, que en esta desierta arena dejará la vida, si tú le dejas!''.

Al día siguiente, cuando ya estaban en las riberas de España, son atacados por unos corsarios franceses que les quitan todo, incluidas esas ajorcas con diamantes que tantas doblas costaban. Los corsarios dan a Zoraida unos escudos para sobrevivir, son unos caballeros estos de la Rochela, y el capitán no consiente que le quiten sus vestidos. Parece ser que no la despojan de lo que tanto teme su enamorado leonés: “la joya que más valía y ella más estimaba “. Esta mujer nos cautiva, ha dejado todo su mundo atrás, lo ha perdido todo, ahora seguirá en la pobreza al cautivo hacia una nueva vida, con un futuro incierto.

Los franceses les dejan la barca, con dos barriles de agua y algo de bizcocho. Llegarán a tierras de Vélez Málaga, donde un pastor al ver ropas moriscas, echará a correr, avisando a todo el mundo del peligro. Lo de moros en la costa, era entonces algo más que una frase hecha. Era un peligro real, un terror que llenaba la costa mediterránea de torretas, atalayas, puestos de vigilancia y, aún así no se libraban poblaciones enteras del asesinato, saqueo y rapto, sobre todo de niños y mujeres.

Al fin encontrarán quienes los reconozcan como cristianos cautivos, incluso habrá un feliz reencuentro entre un tío y un sobrino, para dar gusto a los de la lágrima fácil. Serán conducidos a la ciudad donde serán alojados. Todos se admirarán de la hermosura de Zoraida y, más su enamorado cautivo y cautivado que a la vista de sus “colores”, consecuencia del duro camino, pensará “que más hermosa criatura no había en el mundo". Está enamoradísimo este muchacho...bien por el cautivo de León.


Entrarán en una iglesia para dar gracias a Dios y allí será grande el entusiasmo de la morita ante tantas imágenes de Lela Marién, con gran satisfacción del lector piadoso.

Al final, comprarán una montura con los escudos de los corsarios y se encaminarán hacia la lejana casa paterna. Pararán en la venta y ya sabemos cómo los reciben allí.

Reconozco que, aunque el capítulo es más largo de lo habitual, el cautivo y Zoraida, esta vez, me han cautivado. Habrá sorpresas en la venta porque el mundo es un pañuelo, pero no adelantemos acontecimientos.

Un saludo para Pedro y todos los paseantes.


Copiado del blog "La arañita campeña", en la entrada de igual título.

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