sábado, 28 de diciembre de 2013

Por mi cocina ha pasado don Quijote y mira lo que ha hecho con el tetra brick.





Don Quijote se ha metido en mi cocina y ha hecho con un tetra brick de vino lo mismo que hizo con los cueros de la venta.




El título nos anuncia que, por fin, vamos a saber cómo acaba el triángulo Camila, Anselmo y Lotario. Pero llega Sancho más alborotado y quijotizado que nunca, temeroso de quedarse sin cabeza, la suya no, la del gigante. 

Volvemos al Quijote Quijote. Y yo, encantada, no tengo ninguna prisa, ya me enteraré de lo que pasa con el pelmazo de Anselmo. Leo esas exclamaciones que a mí me gustan:” ¡Vive Dios, que ha dado una cuchillada al gigante enemigo de la señora princesa Micomicona, que le ha tajado la cabeza, cercen a cercen, como si fuera un nabo! , “¡Tente, ladrón, malandrín, follón, que aquí te tengo, y no te ha de valer tu cimitarra!”. Mis favoritas sólo superadas por aquella de los molinos: “¡Non fuyades, cobardes y viles criaturas!”Ya tenemos al Quijote para todos los públicos, el que suele figurar en los manuales escolares y en las antologías, ése que le ha dado fama de obra cómica y bien merecida, por cierto.

El de la Triste Figura está durmiendo, no abre los ojos, es un sonámbulo. Si su camisa no le cubre los muslos y por detrás tiene seis dedos menos, está claro lo que nos está enseñando. Las piernas largas, flacas y con roña, esto último como resultado de treinta y cuatro capítulos sin lavarse en un arroyo o fuente, que sí se citan en algunos capítulos, como en el de los batanes, por ejemplo. La cabeza, cubierta con un bonetillo grasiento de ese ventero tan pulcro que guarda el peine en una cola de buey. Los cueros perforados por la espada y convertidos en surtidores de vino. No, vino no, la sangre de Pandafilando, que Sancho la ha visto correr por el suelo.

El hidalgo sale, como siempre, mal parado. Recibe los puñetazos del ventero que remata con un cruel jarro de agua fría que nos deja helados. El ventero, la ventera y Maritornes alteradísimos; la venterita tan tranquila. En esta burlona doncella se fija Manuel Machado y dedica un poema al sosiego de este personaje que “callaba y se sonreía”. Se la imagina “al rincón del fuego sentada…soñando en los libros de Caballerías”.

Todos se tranquilizarán, también lo hará Sancho ante la promesa de un condado que le hace Dorotea, ínsula o condado qué más da. El cura acaba de leer la novela “porque vio que faltaba poco”. El lector de aquella época espera, tal vez, que Anselmo lave su honra. Quizás piensa en los amantes culpables Anselmo y Camila que llevarán su merecido. Nosotros, posiblemente, pensáramos que se resolvería al estilo calderoniano, adelantándose a Calderón. 

Pues nada de eso, morirán pronto los tres y los tres de remordimientos, como apunta Pedro. Anselmo, reconociéndose como autor de su deshonra, perdonará por escrito a Camila y morirá todavía con la pluma en la mano. En breve también, terminarán sus días Camila y Lotario, en el monasterio y en la guerra, respectivamente.

Y, tras la opinión del cura, fin y pasamos al capítulo siguiente. Quijote, Quijote. ¡Bieeeeeen!

Un saludo para Pedro y los paseantes.

María Ángeles Merino Moya


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