sábado, 21 de septiembre de 2013

El ovillejo de Cardenio

¡Esto no es un ovillejo!
 
Comentario al capítulo 1,27 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada titulada "El amante indeciso o el relato de la desesperación de Cardenio", del día 13 de noviembre de 2008.  
 
Don Quijote no está.

¡No te vayas Sancho, que nos quedamos con el pelmazo de Cardenio!

Cardenio devana el ovillejo y el soneto, todo sin papel ni pluma.

¡A mí el narrador omnisciente!

Para llevar a don Quijote de vuelta a su aldea, el cura va a ser la doncella afligida, con antifaz y escudero barbero.La ventera les ayuda a disfrazarse: una saya, unas fajas, una toca, una antihigiénica cola de buey como barba, ¡guardapeines!. Se quedará una sotana nueva en prenda, la buena mujer no se fía ni de los eclesiásticos.

Estalla la risa de Sancho y Cervantes espera que nos contagie a todos. Pero… corren tiempos inquisidores, la imagen de un sacerdote vestido de mujer…Venga, padre, a cambiar disfraces.

En este capítulo ¡no está don Quijote! y ,en buena parte de él, ¡Sancho nos abandona!El narrador omnisciente da paso ¡al cantante armonioso, hábil poeta sin papel ni pluma, devanador de ovillejos, desesperado, traicionado, enamoradísimo Cardenio! No te vayas Sancho, que nos quedamos con el… pelmazo de Cardenio. Cuando llevo una página con las cuitas del Roto, exclamo: ¡Viva el narrador omnisciente!

¿Y Luscinda? ¿Qué me decís de Luscinda? Con una notita escrita, un billete, ha encaprichado al traidor Fernando. Sumisa a sus padres. Menos mal que sabe desmayarse en el momento preciso y esconder en el escote un papel… No adelantemos acontecimientos…
 
Un saludo a todos, uno muy especial para Pedro Ojeda Escudero.

Pedro Ojeda dijo:
 
ABEJITA: En efecto, el lector moderno puede bostezar en determinadas páginas: está permitido, porque el mismo Cervantes ironizaba con ellas para superarlas como propuesta narrativa.
 
Entrada copiada del blog "La arañita campeña":
http://aranitacampena.blogspot.com.es/2008/11/el-ovillejo-de-cardenio.html

Erasmo, Fideo de Mileto y Nadia Comaneci ...¿de qué trata esto?

Erasmo de Rotterdam y el erasmismo burlón de Cervantes

Don Quijote empieza el capítulo emulando a Nadia Comaneci, dando volteretas.
A continuación, se pone a hacer versos malos, como Fideo de Mileto.
 



Comentario al capítulo 1,26 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada titulada "La historia comienza a girar hacia su final: culminación de la penitencia de don Quijote y reaparición del cura y el barbero", del día 6 de noviembre de 2008.

Ya tenemos a Don Quijote dando volteretas y enseñando sus desnudeces, de medio cuerpo para abajo, dudando entre seguir la senda de Roldán furioso o del penitente Amadís, eligiendo a este último. En este capítulo del ecuador de la primera parte, yo destacaría:

El erasmismo burlón

Comienza con el rosario de jirones de camisa que, tras la censura serán agallas de roble,  sigue el millón de avemarías recitadas con su ayuda y concluye con los privilegios de un hipotético escudero adjunto a un “arzobispo andante” : “algún beneficio, simple o curado, o alguna sacristanía, que les vale mucho de renta rentada, amén del pie de altar”…Ahí queda eso.

El de la Triste Figura convertido en poetastro , grabando versos donde pilla.

Un poema pseudogarcilasiano malísimo, dirigido, cómo no, a los árboles, yerbas y plantas y con la rima estropeada, por querer forzadamente incluir la palabra Toboso. Cervantes admira la buena poesía, especialmente la de Garcilaso que conoce muy bien. Le hubiera gustado ser un buen poeta; poseer esa “gracia” que no quiso darle el cielo, Por eso mismo, me lo imagino disfrutando con la creación de versos malos a posta.

La quijotización de Sancho

Al igual que su señor “cree lo que quiere creer y termina creyéndoselo”. Emperador o monarca será su amo y echa a volar la imaginación, sin ponerla cortapisas. Con la boca abierta, leemos que su señor le había de casar porque ya sería viudo y le había de dar por mujer a una doncella de la emperatriz, heredera de un rico y grande estado de tierra firme. ¡Pobre Teresa Panza!

La reaparición de las figuras del cura y el barbero que anuncian el final

Llevan la misión de llevar al hidalgo hasta su aldea. Empiezan intimidando a Sancho, posteriormente celebran los disparates al memorizar la carta a Dulcinea y le siguen en sus fantasías. Así cuando al escudero manifiesta preocupación por su amo arzobispo, el barbero le contesta que “le aconsejarán que sea emperador y no arzobispo, porque le será más fácil, a causa de que él es más valiente que estudiante”. El cura, vestido de doncella afligida, será el reclamo…veremos lo que pasa. De momento, como señala Pedro, el lector de la época, amedrentado por el poder eclesiástico, se imagina a un sacerdote vestido de mujer y …se parte de risa.

Un saludo de María Ángeles Merino

Pedro Ojeda Escudero me contestó:

ABEJITA: en efecto, como señalas en tu buen comentario y resumen del capítulo, es en este donde comenzamos a ver girado a Sancho hacia su proceso de atracción por la locura. Ya estaba, sin duda, desde el principio de su viaje con don Quijote, pero es justo cuando hay contraposición con el cura y el barbero cuando se evidencia.

Don Quijote quiere creer lo que quiere creer y termina creyéndoselo.


El Guisopete de Sancho es Esopo (en griego antiguo Αἴσωπος, Aísōpos, latinizado Aesopus) fue un famoso escritor de fábulas que vivió alrededor del 600 a.C. En Europa es considerado el padre de la fábula.
 
Comentario al capítulo 1, 25 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada titulada: "De todo un poco con Amadís al fondo", del día 30 de octubre de 2008.

¡Bien por Sancho!

Solicita licencia, a su señor, para volver a casa; pero no por las coces, manteamientos, ladrillazos y puñadas…no. Lo que es superior a sus fuerzas es… ¡obedecer la orden de permanecer callado! Las mujeres, al menos, le comprendemos perfectamente. Algunos hombres, no sé, no parecen sentir esa imperiosa necesidad de comunicación verbal de nuestro escudero .Si se pudiese, como en las fábulas de Esopo, charlaría con su jumento. ¡Jumento? ¿Dónde? ¡Otra vez el burro Guadiana!
 
Copiado de http://aranitacampena.blogspot.com.es/2008/11/sancho-te-entendemos.HTML
 
Tras una alusión a las fábulas de Esopo o Guisopete, ¡zas! el burro Guadiana surge vez. El lector asombrado lee: “Si… los animales hablaran… fuera menos mal, porque departiera yo con mi jumento lo que me viniera en gana.”. Unas líneas más… y bajo tierra otra vez: “Bien haya quien nos quitó ahora del trabajo de desenalbardar al rucio…”

Sancho tendrá que montar en Rocinante para llevar la carta del penitente don Quijote a la ingrata Dulcinea, en una imagen que rompe nuestros esquemas. Además, llevará escrita la libranza pollinesca, una orden escrita para que la sobrina de don Quijote le entregue ¡tres burros nada menos! Singular documento ¡con fecha de veinte y dos de agosto!

Ya comentamos la falta de datos climatológicos, nos suponemos que no hace frío porque no aluden nunca a la necesidad de abrigarse. Tampoco llueve, ni hay tormentas…Gracias a los pollinos, los situamos en verano.

Copiado de http://aranitacampena.blogspot.com.es/2008/11/otra-vez-el-burro-guadiana.HTML



¡Dulcinea es real!

¡En este capítulo, por primera vez, Dulcinea es de carne y hueso Se trata de la analfabeta hija de Lorenzo Corchuelo y Aldonza Nogales.

Cuatro veces, en doce años, la ha visto el de la Triste Figura y, posiblemente, ella no sepa nada de las honestas miradas del hidalgo.

Con estos datos, Sancho nos pinta a la aldeana Aldonza en un cuadro cómico, opuesto al de la recatada Dulcinea. Sonreímos imaginando a una recia moza, algo hombruna, ¡de pelo en pecho! , con la cara estropeada por el sol y el aire, nada melindrosa, burlona con los que la requiebran, compitiendo con los más forzudos zagales y dueña de un vozarrón que se oye a media legua. Seguro que se partiría de risa, ante los vencidos que su caballero le envía.

Copiado de http://aranitacampena.blogspot.com.es/2008/11/dulcinea-es-real.HTML



Don Quijote quiere creer lo que quiere creer y termina creyéndoselo.

En este capítulo tenemos la clave de toda la obra: Don Quijote confiesa: quiere creer lo que quiere creer y termina creyéndoselo. Por ello, las palabras de Sancho, el cuadro cómico que pinta, no hacen mella en él, dispuesto a engañarse a sí mismo.

Tras contarnos lo que hoy denominaríamos chiste verde, un gastado chascarrillo de viuda consolada, lo enlaza artificialmente con su caso. Pregunta y se contesta: “¿Piensas tú que las Amariles, las Filis, las Silvias, las Dianas, las Galateas, las Alidas y otras…fueron verdaderamente damas de carne y hueso, y de aquéllos que las celebran y celebraron? No, por cierto, sino que las más se las fingen, por dar subjeto a sus versos y porque los tengan por enamorados y por hombres que tienen valor para serlo. ”Concluye que le basta con “pensar y creer que la buena de Aldonza Lorenzo es hermosa y honesta” y el se hará cuenta de que es “la más alta princesa del mundo”.

En consecuencia, su carta irá dirigida a una soberana y alta señora, de parte del “ferido de punta de ausencia y el llagado de las telas del corazón”. ¡ Viva el mejor loco de toda la literatura universal¨!

Copiado de http://aranitacampena.blogspot.com.es/2008/11/don-quijote-quiere-creer-lo-que-quiere.html
 
 
ABEJITA: Pobre burro Guadiana y qué listo es Sancho: él, por ahora, va a lo suyo. Tienes razón en lo de la necesidad de hablar. En cuanto al frío: ya hemos comentado aquí que la narración trascurre en las semanas más calurosas del verano. En lo de Aldonza-Dulcinea, como sabes, no ha hecho más que comenzar este divertido juego de perspectivas e intereses.Y, como dices, este capítulo es fundamental para reinterpretar todo lo anterior y lo que sigue. Muy bien visto.

sábado, 14 de septiembre de 2013

¡Tila y Valium para el capítulo 1,24 del Quijote!





Comentario al capítulo 1, 24 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada "Diálogo entre locos", del día 23 de octubre de 2008.

Este es un capítulo de contrastes y sobresaltos.

Tras intercambiar largas cortesías, al viejo estilo caballeresco, el del Bosque rompe el discurso pidiendo comida, necesidad que satisface a costa de Sancho y del cabrero, atragantándose, sin dejar espacio entre los bocados. Contraste entre el mundo de las novelas de caballería y la realidad más cruda.

A continuación, le siguen al verde, tópico y apacible pradecillo. Allí vuelve el tono grandilocuente y sentimental, para contarnos su historia:

-«Mi nombre es Cardenio… mi desventura, tanta que la deben de haber llorado mis padres y sentido mi linaje...A esta Luscinda amé, quise y adoré desde mis tiernos y primeros años…”

El relato va como la seda: el duque Ricardo, Fernando, la bella labradora… hasta que…con el Amadís de Gaula hemos topado, Don Quijote no puede estar callado ni con agua hirviendo, tiene que soltar su parrafadita. Cardenio parece absorto en sus pensamientos pero, de golpe, sin venir a cuento, suelta eso de “aquel bellaconazo del maestro Elisabat estaba amancebado con la reina Madésima.”

Nuestro hidalgo pierde los estribos . Comienza una agria discusión bizantina que terminará a pedradas. Lluvia de guijarros sobre el caballero, masaje para las costillas del escudero y, por añadidura, del cabrero. Al final, por un quítame ahí estas pajas, pelea villana entre Sancho y el cabrero que se cogen de las barbas y se dan puñadas. Para eso son villanos y no caballeros armados.

Un saludo para Pedro y todos los paseantes de “ La acequia”.

Hasta el próximo capítulo:

María Ángeles Merino

Pedro Ojeda Escudero dice en http://laacequia.blogspot.com/:

ABEJITA: muy bien reseñado el capítulo. Efectivamente, todo sucede como dices. Fíjate que la pelea se provoca por un tema libresco, en el que a ninguno de los dos les va nada en la realidad. Pero, al estar locos, su cerebro vive esa fantasía. Gracias por dejar constancia de tu amor por Cervantes.

De nada.

Copiado del blog "La arañita campeña":

http://aranitacampena.blogspot.com.es/2008/10/tila-y-valium-para-este-captulo-xxiv.HTML

El burro Guadiana y absolvamos a Cervantes

Comentario al capítulo 1, 23 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada "Un lío de imprenta del tamaño de un asno y un loco encuentra a otro loco ", del día 16 de octubre de 2008.



Ea, le perdonamos lo del burro. El Quijote es tan grande que don Miguel queda absuelto...Si fuera un escritor de nuestros días…sería presa de furibundas páginas web, no sé qué de fieras literarias, que andan a la caza de gazapos, por supuesto de los escritores o escritoras que no son de su cuerda. Las he descubierto hace poco… ¡Con lo políticamente incorrecta que era su finísima ironía!

Cuando en el Quijote se habla del Quijote, en el capítulo XXVII de su segunda parte, Cervantes se defiende alegando que ese desliz fue “por culpa de los impresores”, lo cual “ha dado en qué entender á muchos, que atribuían á poca memoria del autor la falta de emprenta”. Francisco Rico, en “El texto del Quijote. Preliminares a una ecdótica del Siglo de Oro” (Ed. Destino, 2006), nos describe el engorroso proceso de impresión de la época que justificaría muchos errores y omisiones importantes.

Pero este capítulo es mucho más que el burro Guadiana. Vemos a Sancho feliz, gracias a los escudos de la maleta, dar por bien empleados los vuelos de la manta, los vómitos del brebaje, las estacas, los puñetazos, el hambre, la sed y el cansancio. Estas monedas serán la única paga en metálico que Sancho reciba, en esta primera parte. Le permitirán justificarse ante su mujer, sola en la aldea. Los escudos del pañizuelo saldrán a relucir mucho más adelante, cuando en el Quijote se hable del Quijote…

Por primera vez, nuestro hidalgo actúa con prudencia, ante la eminente presencia de los dardos de la santa Hermandad; pero… que nadie sepa que”yo me retiré y aparté de este peligro de miedo”. Se retiran a Sierra Morena y allí se van a encontrar con otro loco, éste por penas de amor, el “Roto de la mala figura” que todavía no nos ha dicho su nombre. Tal vez esté inspirado en algún otro demente que vio el niño Miguel, acompañando a su padre en su labor de barbero-cirujano-curatodo. No nos ha dicho su nombre, pero sí el de su odiado Fernando. No adelantemos acontecimientos…Hasta el próximo capítulo.

Un saludo a Pedro y a todos los que visitan su blog

Pedro Ojeda Escudero contesta:

ABEJITA: absuelto quede, por lo tanto. Es cierto, hay muchos por ahí que intentan busca cosillas sin importancia en las grandes obras para rebajar su valor.No adelantemos acontecimientos. Me ha gustado lo del burro Guadiana, el pobre va muy ajetreado tanto aparecer y desaparecer. En efecto, en este capítulo hay cosas usadas como le gustan a Cervantes: que ayudan a engarzar los capítulos.


Un cesto de ropa blanca muy cara

Cuadro de Francisco Pelayo

Comentario al capítulo 1, 22 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada "Don Quijote apedreado por confundirse de género literario", del día 9 de octubre de 2008.

¡Una canasta de colar, atestada de ropa blanca ! Un hombre condenado a remar en una galera, atado a golpe del látigo o corbacho, alimentado con putrefacto pan recocido o bizcocho y…posiblemente no salga vivo. Todo por una cesta de ropa blanca….

¿O no es la ropa sino la mujer que la llevaba puesta? Fijaos que manifiesta ir a galeras por enamorado y , según sus palabras, la abrazó consigo tan fuertemente que, a no quitársela la justicia por fuerza, aún hasta agora no la hubiera dejado de su voluntad. Si es por la ropa, nos parece increíble en estos tiempos de textil asiático, a bajo precio, procedente de mano de obra barata, tal vez infantil. Si es por abrazar a una mujer, sólo por abrazarla…

La cadena de osadías que Cervantes, maestro de la ironía más fina, deja escapar, al igual que los galeotes, en este capítulo, llama nuestra atención.

Veamos algunas:¿Es posible que el rey haga fuerza a ninguna gente? pregunta don Quijote. Le contesta Sancho: ”No digo eso…sino que es gente que, por sus delitos, va condenada a servir al rey en las galeras de por fuerza”. Sancho rectifica a tiempo…

Otro de los galeotes afirma:” Yo voy por cinco años… por faltarme diez ducados”. Y explica: “hubiera untado con ellos la péndola del escribano y avivado el ingenio del procurador, de manera que hoy me viera en mitad de la plaza de Zocodover”. Cervantes lo sabía muy bien, en algún proceso se vio envuelto, en algún momento tuvo él que untar la péndola.

Llega el turno a un anciano, acusado de hechicero y alcahuete. Lo de hechicero, ni tocarlo, menuda es la Inquisición. Pero por lo de alcahuete “no merecía él ir a bogar en las galeras, sino a mandallas y a ser general dellas; porque no es así comoquiera el oficio de alcahuete, que es oficio de discretos y necesarísimo en la república bien ordenada”. Menos mal que lo ha puesto en boca de un loco…

Aunque la más osada es la que apunta Pedro: “me parece duro caso hacer esclavos a los que Dios y naturaleza hizo libres”. Casi nada.

María Ángeles Merino Moya

Pedro Ojeda Escudero. http://laacequia.blogspot.com/dijo... ABEJITA: en aquel tiempo bastaba con la ropa para ser condenado... en efecto: osado y valiente es Cervantes, aunque disimule en boca de un loco.11 de octubre de 2008 17:33

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domingo, 8 de septiembre de 2013

¿Yelmo o bacía?


 
Comentario al capítulo 1,21 del Quijote, publicado en "La acequia, en la entrada titulado "De la obtención del yelmo de Mambrino y el soñar despierto", el día 2 de octubre de 2008.

"Que trata de la alta aventura y rica ganancia del yelmo de Mambrino, con otras cosas sucedidas a nuestro invencible caballero"
"En este capítulo, Don Quijote enristra con su lanzón a un humilde barbero que se había protegido de la lluvia, colocándose una palangana de barbero, la bacía, en la cabeza.

El hombre iba a su trabajo para sangrar a un enfermo y hacer la barba a otro. Con los esquemas laborales y sanitarios de nuestra época, no entendemos esa doble función. El mismo profesional que abría la vena con la lanceta, para expulsar “los males humores”, consiguiendo muchas veces aquello de ser peor el remedio que la enfermedad, también rapaba barbas. Algo cotidiano entonces y más aún para Cervantes, hijo de uno estos barberos-cirujanos, sin título universitario, sin derecho al “don”.

Hay dos sangradores- rapabarbas en la obra y, en un capítulo de la segunda parte, coincidirán: Maese Nicolás y éste del yelmo de Mambrino que volverá…a cobrar su deuda.


Vamos a imaginar, esta vez más mayorcito, al niño Miguel, en un rincón den la barbería de su padre. La tertulia donde se charla y se leen libros de caballería: Amadís, Palmerín, Félixmarte de Hircania. El trabajo: la sangre que cae en la bacía, los pelos de las barbas, toda clase de males mayores y menores y…los locos. Sí, en cierta ocasión, llevaron ante su padre a un enfermo que se creía caballero andante y gritaba eso de “¡Non fuyades cobardes y viles criaturas! Poco se pudo hacer. La psiquiatría tardaría en nacer, sujetarle, atarle…Otro día traerán a un loco huido a la sierra por una pena de amor, a un estudiante que se cree de vidrio…

Sigamos imaginando. Un día lluvioso, Rodrigo vuelve de un servicio, en una aldea próxima .Para no mojarse el sombrero, tan caro, su padre se ha colocado la bacía encima de la cabeza. Miguelillo ríe y exclama: ¡padre, llevas el yelmo de Mambrino!"
 
Hasta la próxima lectura, en el capítulo de los galeotes.

Un saludo a Pedro y a todos los blogueros que entran en “La acequia”.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

ABEJITA: en efecto, como señalas, para Cervantes esta profesión era bien conocida, desde dentro. Me gusta lo que imaginas para él, como origen de esta escena. Saludos y gracias por tu aportación.

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http://aranitacampena.blogspot.com.es/2008/10/yelmo-o-baca.html
 

Este es un batán y estas son sus consecuencias




Comentario al capítulo 1,20 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada titulada "De fantasmas a batanes, con Sancho desatado", el día 25 de septiembre de 2008.

“De la jamás vista ni oída aventura que con más poco peligro fue acabada de famoso caballero en el mundo, como la que acabó el valeroso don Quijote de la Mancha”

Caballero y escudero, atormentados por la sed, van a dar a un garcilasiano prado ameno que resulta no serlo tanto. Un extraño ruido, en la negrura de la noche, les hace pasar mucho, mucho miedo. Sancho, tras la cuquería de atar las patas a Rocinante, se convierte en protagonista de uno de los episodios más malolientes. Todo termina en risas...sólo era un batán.
 
Voy a imaginar al niño Miguel, en uno de esos incómodos viajes que la mala fortuna de su padre, el cirujano-barbero Rodrigo, le obliga a soportar. De Alcalá a Valladolid, en 1551, con sólo cuatro años. Y no será el último: Córdoba, Cabra, Sevilla y Madrid. ¡Qué bien conoce Miguelillo la incomodidad de las ventas con sus "venteriles cenas", el hambre, la sed, los miedos y peligros en los inseguros caminos de esa mísera España del César Carlos!

Es de noche, la itinerante familia descansa en un prado fresquito, tras una dura jornada de viaje. El ruido escandaloso de un molino de agua, con mazos para golpear tejidos, crea un confuso escenario de horror y espanto. Nuestro niño pasa miedo, mucho miedo . La argandeña Leonor de Cortinas acude a la llamada de su pequeño: ¡mamá caca!
 

Miguel está escribiendo su capítulo XX y recuerda aquel pavor infantil. Se lo atribuye a Sancho que… es el que más tiene de niño...Menudo cuco el tal Sancho.

Por último, os aconsejo un libro: “Cervantes visto por un historiador” de Manuel Fernández Álvarez.. Un saludo.26 de septiembre de 2008 22:24
María Ángeles Merino Moya y Abejita de la Vega


Pedro Ojeda Escudero. dijo...ABEJITA: sin duda, muchas de las cosas que vivió o vio las lleva a este libro, así que bien pudiera ser cierta tu historia.
 
Saludos.
 
Entrada copiada del blog "La arañita campeña".
 

"enristrando su lanzón, arremetió a uno de los enlutados... dio con él en tierra...era cosa de ver con la presteza que los acometía y desbarataba... los apaleó a todos..."

Erasmo
 
Comentario al capítulo 1, 19 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada titulada "Un misterio nocturno", el día 18 de septiembre de 2008.

Es un capítulo diferente, está claro. En este capítulo, al contrario de otros, don Quijote da y no recibe: "enristrando su lanzón, arremetió a uno de los enlutados... dio con él en tierra...era cosa de ver con la presteza que los acometía y desbarataba... los apaleó a todos..." Claro que con sus faldamentas y lobas no se podían mover...Aquí, de verdad, "topan con la Iglesia”, echando mano de una expresión que no aparece en el Quijote.

Vemos al bachiller de Alcobendas amenazando de excomunión con unos latinajos del concilio de Trento que Pedro nos podrá traducir. Pero don Quijote se defiende, él no ha puesto la mano encima, fue con su lanzón...además no pensó que ofendía a sacerdotes a quien respeta como " católico y fiel cristiano ", faltaría más. Pensó que eran fantasmas.

Concilio de Trento

Al final de este capítulo, a diferencia de otros, almuerzan, comen, meriendan y cenan todo junto, gracias a las fiambreras robadas, por Sancho, a los señores clérigos". Se trata de una clase social acostumbrada a estar bien abastecida de alimentos., algo en lo que Cervantes insiste.:" Pocas veces se dejan mal pasar", añade. ¿Hay un toque anticlerical o erasmista en este capítulo?

Saludos

EN "LA ACEQUIA", PEDRO OJEDA CONTESTA:

ABEJITA: lo hay. Con gracia y donosura, pero lo hay. Además, dan miedo: aparecen por la noche como la Santa Compaña. Y son cobardes, mentirosos y guardan rencor. Vaya. Saludos.

Copiado del blog "La arañita campeña":
http://aranitacampena.blogspot.com.es/2008/09/comento-el-captulo-xix-para-la-acequia.html

Sancho se queja de su manteamiento y recuerda ¡con nombres y apellidos! a sus manteadores.


 
Comentario al capítulo 1,18 del Quijote para el blog "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda. Publicado en la entrada titulada "Las razones de la locura", del 11 de septiembre de 2008.
 
"Donde se cuentan las razones que pasó Sancho Panza con su señor Don Quijote, con otras aventuras dignas de ser contadas"

Sancho se queja de su manteamiento y recuerda ¡con nombres y apellidos! a sus manteadores. Puesto que tenían sus nombres, razona, no eran fantasmas. Pero, unas líneas más abajo, manifiesta: "llevando yo de ventaja el manteamiento, y haberme sucedido por personas encantadas, de quien no puedo vengarme". ¿En qué quedamos? Sancho es como el niño que no cree en los Reyes Magos, pero le conviene creer y "sigue el rollo" a sus padres.

Cervantes nos hace reír, o sonreír, con los nombres rimbombantes de los protagonistas, en su parodia de las batallas de los libros de caballerías: Alifanfarón, Pentapolín del arremangado brazo", Brandabarbarán de Boliche...Si alguien se queda sólo con lo risible, por lo menos se queda con algo...

Piedras, muelas perdidas, hambre canina. Don Quijote resiste todo...A lo largo de la lectura del libro pensamos tantas veces que, llevado a la realidad, hubiera sido imposible la supervivencia...Politraumatismos múltiples e inanición...

La imagen de amo y escudero recíprocamente vomitados, quedando "como de perlas" posee un antecedente en la longaniza expulsada desde el estómago por el Lazarillo de Tormes, tras meterle el ciego la nariz, dentro de la boca. Realismo castellano.

Nuestro hidalgo considera todo esto como normal: "Mas a todo esto estamos sujetos los que profesamos la estrecha orden de caballería". Y a seguir su camino. Hasta la semana que viene.
 
Un saludo:
 
María Ángeles Merino

Entrada copiada del blog: "La arañita campeña":
http://aranitacampena.blogspot.com.es/2008_09_01_archive.html

 

"Aun vuestra merced, menos mal, pues tuvo en sus manos aquella incomparable fermosura que ha dicho..."


"Mujer maltratada", imagen proyectada en la pared exterior del Centro "Victoriano Crémer",de Burgos, el 25 de noviembre de 2010. Maritornes también lo era.

Comentario al capítulo 1,17 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada del 4 de septiembre de 2008.

Leo el capítulo 1, 17 y, en esta ocasión, no voy a esperar a que la pantalla del ordenador se agite, anunciando la presencia de un personaje secundario. La pastora Marcela y la hija del ventero ya me dieron su punto de vista. Esta última desapareció porque, según sus palabras, la moza Maritornes requería su presencia. No debe estar muy lejos, la llamo a gritos, tal y como lo harían en la venta. ¡ Maritoooorneeeeeees! ¿Estás ahí?

Sí, aparece una ventana emergente. Ahí está, es una mujer pequeña, encorvada, tuerta, muy, muy fea. Debe estar algo picada, no le habrá gustado nada el que hablemos de sus trapicheos carnales.

-Con Dios señora mía. No tenga cuidado, a mí no me molesta eso que vuestra merced dice, mis negocios carnales me permiten reunir unos dineros. Tal vez, como fruto de este negocio, pueda volver a mi tierra, la verde e hidalga Asturias. Me envía la hija del amo, dice que vuestra merced quiere preguntarme alguna cosa.

-Con Dios, Maritornes. Sí, te llamo porque me gustaría oír de tu boca cómo vives el encuentro con don Quijote, aquel viejo caballero que te habla con amorosa voz, mientras te tiene en sus brazos.

- Así es, extraña señora. El único hombre que, en esta trabajosa vida mía, me regala dulces palabras; aunque realmente no fueran a mí dirigidas. Así es y no las olvido, aunque pensara en la hija del amo, la que derrite al viejo con sus picaronas sonrisas.

Le cuento. Voy yo con las manos delante buscando al arriero cuando me agarra de la muñeca, me hace sentar sobre la cama y me tienta la camisa. ¡Qué amorosas palabras las suyas! Yo soy su fermosa y alta señora. Y mi gran bondad le ha puesto en venturosa ocasión, ay.

Gran pesar me da verle así de molido y ensangrentado. Más tarde, ya vuelto de su parisismo, habla con su criado Sancho Panza. En un rincón, escucho y suspiro, hecha un ovillo. No saben de mi presencia.

La hija del señor del castillo, esa soy yo. “La más apuesta y fermosa doncella que en gran parte de la tierra se puede hallar”. Se hace lenguas de mi adorno, de mi “gallardo entendimiento”. Y tantas cosas que no osa decir por la fe debida a la señora Dulcinea, mi rival, al parecer. Y el cielo envidioso le envía las puñadas del arriero y las quijadas ensangrentadas. Y las patadas en las costillas ¿celestiales fueron acaso?

Sancho se queja de los porrazos recibidos, los mayores de su vida. Y se burla, el muy bellaco, diciendo que, aun su señor, “tuvo en sus manos aquella incomparable fermosura que ha dicho”. Me gusta oírlo de los labios de mi don Quijote, que no en los de este villano harto de ajos.

Amo y criado achacan los golpes recibidos a descomunales gigantes y a encantados moros
El gigante es para el amo. El criado asegura que más de cuatrocientos moros le aporrearon. Cuatrocientos golpes es posible que recibiera, mas las manos moriscas ejecutoras no fueron tantas. A mí también me cayó alguna puñada, mas la paliza propinada por mi amo. Y nadie me oye un ay, para qué.



En esto, entra el cuadrillero, con el candil encendido, para ver al “muerto”. Se queda suspenso al oírles hablar y pregunta al vapuleado algo que molesta mucho al hidalgo: ¿cómo va buen hombre? El caballero considera ofensivo eso de “buen hombre” e, indignado, le reprende por su mala crianza. El de la Santa Hermandad explota y estrella su candil en la cabeza del viejo.

Don Quijote, descalabrado al parecer, pide a Sancho que vaya donde el alcaide y le solicite aceite, vino, sal y romero. Ha de preparar un bálsamo que sanará sus heridas. El criado se lo requiere al cuadrillero, el cual da cuenta al ventero, que acude con lo de la medecina. En la cocina hay de eso, que no en la botica.

Dos chichones algo crecidos, nada de sangre. Sudor sí, muchísimo sudor de la congoja. Eso es, al fin, el mal del caballero; el cual mezcla y cuece aceite, vino, sal y romero. Un adobo...Lo echa en una alcuza y reza un montón de oraciones santas, con muchas cruces. Lo bebe y comienza a gomitar y a sudar. Lo tapan bien y le dejan que descanse. Duerme más de tres horas y se despierta muy feliz, el bálsamo le ha curado. Ya pueden venirle batallas, a partir de ahora. De Fielabrás lo llama.

Sancho tiene a milagro la mejoría de su amo y se decide a beberse lo que queda en la olla. Mas el efecto no es el mismo, le dan tantas ansias, bascas, trasudores y desmayos que cree llegada su última hora. ¡Qué espumarajos salen de su boca! Y crece su enfado cuando don Quijote dice que como el Panza no es armado caballero…Maldice y se le van las aguas por todas partes. ¡Cómo puso la estera de enea y la manta de anjeo! ¡Lo que me costó luego quitar aquella inmundicia! Dos horas le dura el mal, pobre. Y queda muy quebrantado, que el Fielabrás debe ser sólo pa señores.

Y don Quijote tan fresco, decide salir de la venta, en busca de nuevas aventuras. Proclama que el mundo lo necesita y no quita el ojo de la niña, la hija de los amos. Y suspira, cómo suspira, ay mi caballero andante, que yo iría contigo por esos mundos, no mires tanto a la mochacha y a su camisa de pechos. Y piensan algunos que es el dolor de las costillas...

¡Mira que yo ayudé a la ventera cuando te bizmaba! ¡No te vayas! ¡Llévame!
No me dejan seguir, hay una fuerza que me arrastra. Debe ser la venterita, no soporta que hable de mi amado…

-Se fue, adiós Maritornes, vuelve cuando puedas, cuando te dejen.

María Ángeles Merino
Un abrazo a los que me visitáis, conocidos y desconocidos.

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"una hija suya, doncella, muchacha y de muy buen parecer"


Al pensar en la hija del ventero, me he acordado de esta muchacha que ofrecía chupitos en un conocido paseo burgalés.

Comentario en torno al capítulo 1,16 del Quijote , publicado en "La acequia".

Estoy leyendo el discurso de Soledad Puértolas, el de los aliados secundarios. Después de Marcela, la nueva académica busca el contraste con la hija del ventero, un personaje “sin halo”, que nos baña en la realidad. Una jovencita sin nombre, ni pícara ni soñadora, inocente unas veces, malintencionada otras. Si Marcela, falsa pastora, se mueve en unos idílicos e ilimitados prados, al aire libre, a la hija de Juan Palomeque la imaginamos trajinando en estancias cerradas, oscuras, poco limpias y ventiladas.

Permanece silenciosa, al margen de la acción, pero Cervantes la enfoca, de vez en cuando, para que nos fijemos brevemente en ella, lo suficiente para que sepamos de su “muy buen parecer” y de las miradas y sonrisas que dedica a nuestro don Quijote.

También leo la entrada que hizo Pedro Ojeda, en “La acequia”, titulada “Una noche de sexo frustrado en la venta (Cap. 1.16). Nuestro profesor nos presenta a la hija adolescente como a “una joven atractiva que provocará la ensoñación del caballero.” Y, sin embargo, Cervantes no nos da ni una pincelada de su tierna belleza y “prefiere detenerse en la caracterización de la moza asturiana, Maritornes, uno de los varios personajes femeninos de la obra que sirven de contraste barroco con la belleza de tantas mujeres idealizadas que aparecen”.

Al llegar aquí, mi ordenador, el de la tecla “ce” ladeada, empieza a hacer lo de otras veces. Bailoteo de pantalla, extrañas ventanas emergentes…Estos secundarios no se han enterado de que se acabó la lectura colectiva del Quijote, celebrándolo sus participantes en torno a una contundente olla podrida y que nos vamos a dedicar a otro escritor…vivo. Ya no nos va a valer eso de “que nos perdone don Miguel” porque al escritor propuesto le quedan luengos años, afortunadamente, para abandonar este valle de lágrimas.



Salúdole, señora amanuense. La señora Marcela me habla mucho de vuestra merced y de otra señora principal, doña Soledad, que se interesa asimismo por mi humilde persona. Algunas de sus palabras me placen, otras no tanto. No soy pícara y, en cuanto a lo de soñadora, algunas veces sueño…tengo quince años. Inocente unas veces, malintencionada otras. Bueno…sí. Me ha parecido oír que las estancias de mi venta están poco limpias, ha de saber que las barro todos los días, buena es mi madre para eso. En cuanto a lo de poco ventiladas, los cuarterones agrietados de las ventanas dejan pasar todo el aire que precise vuestra merced.

Me gusta lo de mi buen parecer y, en cuanto a las miradas y sonrisas que dirijo al viejo caballero , don Quijote de la Mancha, son las propias de una muchacha honesta. Y es lícito que las doncellas pobres soñemos con un hombre que nos conduzca a una vida más blanda, su edad no importa tanto.

Ese profesor, el llamado Pedro, dice que provoco “la ensoñación del caballero”. Es cierto, buenas miradas echa a mi camisa de pechos y…a lo que queda fuera de la mi camisa. Su criado, el tal Sancho, me dice que “es caballero aventurero, y de los mejores y más fuertes que de luengos tiempos acá se han visto en el mundo”. No entiendo pero suena bien.

Mas todo lo estropea la pícara de Maritornes, nuestra criada, con sus trapicheos carnales. Y creo que don Quijote la confunde conmigo cuando la asturiana entra en el camaranchón, donde duerme con Sancho y el arriero morisco. ¡Con lo diferentes que somos! De muy baja estatura, encorvada, chata, tuerta y con un olorcillo que lleva encima. Aunque peque de presumida, he decir que poseo un buen talle, derecha como un huso, una cara menudilla , unos bellos ojos garzos y ...me enjuago la boca con elixir de hierbas aromáticas.

Maritornes, un poquillo furcia, se dirige al encuentro con el arriero. Y don Quijote se dirige a ella como “fermosa y alta señora” y se disculpa por no poder satisfacerla, a causa de su molimiento. Y añade que de no ser por la fe que le tiene dada a la sin par Dulcinea, no dejaría pasar en blanco la ocasión.

Molido está, me consta porque yo ayude a ponerle emplastos, que mi madre es mujer caritativa, aunque ventera. Y no sé quién es Dulcinea, pero no creo que lo de yacer con la Maritornes sea una venturosa ocasión. Esas dulces disculpas a mí van dirigidas, está soñando que le requiero de amores…

Ya sabe vuestra merced la ensalada de golpes que viene a continuación. El caballero con las quijadas ensangrentadas, el arriero golpea a Sancho, Sancho a la moza, acude mi padre, se apaga el candil, llega un cuadrillero de la Santa Hermandad y anuncia que hay un hombre muerto…No, muerto no había. Pero en este capítulo no hay más, ya le contaré. Me voy, que me llama Maritornes, creo que está enfadada. Que no, amiga, que lo de furcia no era por ti.

¿Maritornes? Sí, me gustaría hablar con Maritornes. De momento, coloco esta entrada en “La acequia”, en la del 28 de agosto de 2008.

Un abrazo de María Ángeles Merino


Pedro Ojeda dijo en "La acequia":

"Los secundarios se resisten a abandonar el ordenador de Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega: ahora es la joven hija del ventero quien viene a defender su versión de lo acontecido en la venta en el capítulo 16 de la Primera parte del Quijote."

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"...vinieron a parar a un prado lleno de fresca yerba, junto del cual corría un arroyo apacible y fresco "



 (Foto Ele Bergón)

Comentario a mi lectura del capítulo 1,15 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada correspondiente al 21 de agosto de 2008, titulada "Del amor poético al impulso sexual o cómo la realidad se impone a golpes".

Capítulo 1,15: "Donde se cuenta la desgraciada aventura que se topó don Quijote en topar con unos desalmados yangüeses"

Don Quijote y Sancho recorren durante más de dos horas el mismo bosque, tras la pastora Marcela. La buscan y no la hallan. Vienen “a parar a un prado lleno de fresca yerba”, junto a “un arroyo apacible y fresco”.


Tan ameno es el lugar que convida a sestear en él. Se apean, dejan pacer a sus monturas, saquean sus alforjas y comparten su contenido "en buena paz y compañía".


¡Demasiada paz! ¿Dice el libro que Rocinante le va venir el deseo de refocilarse? De ninguna manera, es tan manso y tan poco rijoso. Ni todas las yeguas de la dehesa de Córdoba alterarían su casta naturaleza.

-¡Hiiiiiiiii! ¿Casto yo? ¡Hiiiiiiii!

Detalle del Monumento a Cervantes (Madrid)

-¿Quién me habla?

-Estoy aquí dentro, señora mía. ¿No me ve su merced?

-¡Un caballo! ¡Un rocín! ¡Rocinante en la pantalla de mi ordenador! ¡Habla!

-Sí, señora mía. ¿De qué se sorprende usted? Si don Miguel ya me dio la facultad humana del habla en los versos preliminares al Quijote. Recuerde aquella décima de cabo roto: “Soy Rocinante, el famo-, bisnieto del gran Babie-, por pecados de flaque-, fui a poder de un don Quijo-…”. E incluso diálogo con el gran Babieca, el caballo del Cid, quejándome de mi menguada ración de paja y cebada.


-Así es, señor Rocinante, pero compréndame, se me hace raro hablar con un equino, aunque sea todo un personaje literario.

-Esté atenta vuesa mercé; lo que va a escuchar es mi versión de lo acontecido en aquel prado, algo que no figura en libro alguno. Y, ruégole encarecidamente no me califique  de "secundario", siendo tan principal como soy. Porque caballero sin caballo no es caballero...

-Comience de una vez, don Rocinante.

-Pues verá, de ordinario Sancho Panza no me "echa sueltas", tan confiado está en mi mansedumbre. Cierta vez le oí comentar lo de "todas las yeguas de la dehesa de Córdoba". Les diré que  cambiarán de parecer si un día destos me ponen delante una de esas fermosas  cordobesas...El diablo no duerme y quiere que anden paciendo por alli unas jacas galicianas, que tampoco están nada mal. Lo malo es que sus amos, unos arrieros yangüeses , sestean cerca.

Raza gallega.
Sucede que me viene el deseo de refocilarme con "las señoras jacas", cómo olían aquellas jembras gallegas. No pido licencia, tomo "un trotillo algo picadillo"y voy a comunicarles mi necesidad. Mas la jugosa hierba debe serles más apetitosa que mi persona porque me reciben a coces y dentelladas. Quedome sin silla y en pelota, todas las cinchas rotas.


Viendo los arrieros la fuerza que fago a sus yeguas, acuden con estacas y me dan tantos palos que acabo derribado y por los suelos. Don Quijote y Sancho  llegan ijadeando . El loco de mi amo dice que son "gente soez y de baja ralea"y , por ello, bien puede ayudarle el escudero a tomar venganza. ¡Ay!
De aquí.
Sancho no quiere saber nada de venganzas, proclama que son veinte contra dos. Don Quijote arremete contra ellos y el bueno de Panza lo imita. Da una cuchillada a uno que traspasa el sayo de cuero. Los arrieros acuden a sus estacas " y cogiendo a los dos en medio, comenzaron a menudear sobre ellos con grande ahínco y vehemencia".

De aquí
El segundo toque da con los dos en el suelo. El amo cae a mis pies, yo aún ni levantarme; hay que ver como " machacan estacas puestas en manos rústicas y enojadas"

Los nuestros enemigos huyen con presteza. Oigo la "voz enferma y lastimada" de Sancho que llama a su señor don Quijote. Y la respuesta: "¿Qué quieres, Sancho hermano?"

El escudero pide "dos tragos de aquella bebida del feo Blas" un extraño remedio para el molimiento. Su señor no tiene tal remedio; qué más quisiera; mas le jura , "a fe de caballero andante", que antes de dos días la ha de tener.Don Quijote se siente culpable por haber puesto mano a la espada contra hombres no armados caballeros. Así que, la próxima vez, ha de ser Sancho quien se enfrente "a semejante canalla" y los castigue. Mi amo le defenderá si hay que hacerlo con caballeros.
 

El villano Sancho  replica que él tiene "mujer e hijos que sustentar y criar", que no pondrá mano a la espada contra nadie. Y que perdona todo agravio del pasado y del futuro, venga de persona alta o baja, rica o  pobre, sea  hidalgo o pechero.
Familia de Sancho Panza.

Don Quijote quisiera tener aliento para hablar descansadamente pero no se lo permite el dolor de una costilla. Con un "ven acá, pecador" comienza la reprimenda, a ver si se entera de que ha de estar a las duras y a las maduras.Si el viento de la fortuna se vuelve a su favor y toman puerto en alguna de las ínsulas que le tiene prometidas...¿se la daría a quien no está dispuesto a defenderla?



Sancho está "más para bizmas que para pláticas", En este momento sólo le interesa que su señor se levante y que yo, Rocinante, pueda también levantarme, aunque con ayuda. Dice que no merezco la ayuda, que fui yo el culpable del molimiento. Yo, "una persona tan casta y tan pacífica", nunca lo hubieran pensado de mí. Que comprendan que la carne es débil, la mía también.

Don Quijote considera que sus carnes son más tiernas y notan más "semejantes nublados". "¡Criadas entre sinabafas y holandas!", que no sé qué es eso...A cada uno le duele lo suyo, no lo olvide, señor caballero.




No entiendo mucho sus palabras , cuenta que si a Amadís le dieron doscientos azotes con las riendas de su caballo, que si el caballero del Febo  le endosaron unas melecinas de nieve y arena por sus agujeros naturales, pobre.

Don Quijote explica que  las estacas de los arrieros no afrentan porque ninguno de ellos poseía estoque, espada o puñal.


A Sancho tanto le da, le santiguaron con sus pinos y el dolor ahí le quedó impreso, tanto en la memoria como en las espaldas.

Mi señor sigue hablando de batallas, de feridas, de caballeros enamorados que duermen en páramos y desiertos. Sueña.

Sancho apareja su asno entre "ayes", "sospiros","pésetes" y "reniegos de quien allí le había traído". Me levanta y me pone de reata, el pollino como guía, qué vergüenza para un rocín como yo. Es muy sufrido mi cuadrúpedo compañero de fatigas.

Con don Quijote  sobre el rucio, llegamos  a una venta. Cuadra, paja, cebada...que no haya leña.

-¿Señor Rocinante? ¿Dónde está? Ha desaparecido...Se oye cloc, cotocloc, cotocloc.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino


¡Ya están comentados todos los capítulos! 

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"Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos..."

"Historia del pastor Grisóstomo y la pastora Marcela" de Valero Iriarte.

Comentario en torno al capítulo 14, 1 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada titulada "Una mujer que quiere ser libre a la que sólo hace caso un loco", el día 14 de agosto de 2008.


¿Qué pasa? Uy, que el baile sigue.

Una bella mujer aparece en pantalla, va vestida de pastora, de pastora pastoril, vosotros me entendéis. Acaricia un corderito por si hay alguna duda de su bucólica condición. Hable, hable, señora Marcela.



Saludo a vuestra merced, mujer amanuense. Traigo muy buenas referencias de vuestra merced, me han dicho que tiene vuestra merced debilidad por los personajes secundarios del gran libro. También tengo noticias de los escritos y discursos de una señora principal llamada Soledad Puértolas, que nos denomina aliados a los humildes secundarios.

Aliada soy de don Quijote porque me brinda su incondicional servicio, mientras los pastores me comparan con el monstruoso basilisco de asesina mirada o con el cruel Nero de Tarpeya.


"¡oh fiero basilisco destas montañas!"


"¿O a ver desde esa altura, como otro despiadado Nero, el incendio de su abrasada Roma ?

Ay, qué palabras las de Ambrosio...Rechacé a Grisóstomo, mas no soy su asesina y no vengo a regocijarme ante la vista de su cadáver. De pena murió el pastor o ...¿fueron sus propias manos las ejecutoras? ¡Condenación eterna! ¡Dios no lo quiera!

El cielo me hizo hermosa, tanto que mi hermosura mueve al amor. Mas yo no estoy obligada a amar a quien me ama, que el verdadero amor es voluntario. Amor forzoso no es amor.

¿Y si fuera fea? "¿Fuera justo que me quejara de vosotros porque no me amábades?"

Yo no escogí ser hermosa, no. Si" la víbora no merece ser culpada por la ponzoña que tiene, puesto que con ella mata, por habérsela dado naturaleza"...tampoco yo he de ser reprehendida.



Honesta soy y , como tal, soy " fuego apartado o...espada aguda". No quemo ni corto a los que no se me acercan.



"Fuego soy apartado y espada puesta lejos"

He de vivir apartada, con la única compañía de los árboles de estas montañas, mirándome en el espejo que me ofrecen las cristalinas aguas.



"Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos..."



"... las claras aguas destos arroyos, mis espejos..."

Me llaman, son mis compañeras : la hija del ventero, Maritornes, Dorotea...Ya voy, amigas. Quede con Dios vuestra merced.

Se va y me deja con ganas de preguntarle tantas cosas.

Un abrazo de María Ángeles Merino.
 
¡Ah! Y lo publico en "La acequia", en la entrada correspondiente.

Pedro Ojeda dice en este blog:

"Marcela es una soberbia creación de Cervantes, inolvidable desde el punto de vista narrativo e ideológico.

Estamos todos atrapados por el libro."

Así es, Pedro.

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viernes, 6 de septiembre de 2013

"Paréceme, señor Vivaldo , que habemos de dar por bien empleada la tardanza que hiciéremos en ver este famoso entierro..."


Un entierro mucho más antiguo que el de Grisóstomo.


Comentario a mi lectura del capítulo 13,1 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada correspondiente al día 7 de agosto de 2008, titulada "Hacia el entierro de Grisóstomo".



Es de noche. Sentada en la cama, releo el capítulo 13,1 del Quijote. A mi lado, una ventana orientada al norte. Fuera, tiritan los tilos bajo la luz amarilla de las farolas. Pero el hada mágica del sueño hace de las suyas y mi ventana desaparece porque:


Ventana, que no balcón, y da al norte.

 Me asomo a “los balcones de Oriente”. Comienza “a descubrirse el día”, contemplo un tópico amanecer de novela caballeresca.  No es el sol con sus rayos sino el “rubicundo Apolo” tendiendo “las doradas hebras de sus hermosos cabellos”.

William Blake


Veo encinas, muchas encinas, un rebaño de cabras con sus cabreros.

De aquí.

¡Los conozco de los dos capítulos anteriores!  No son pastorcillos de égloga, son aquellos que mascaban  tasajo y bellotas. ¿Recordáis como escuchaban el quijotesco discurso de la Edad de Oro?



Despiertan a su huésped. Le dicen si está todavía con el propósito de asistir “al famoso entierro de Grisóstomo”. Nuestro caballero no desea otra cosa, se levanta y manda a Sancho que ensille y albarde. Se ponen diligentemente en camino y yo les acompaño. Aquel cabrero ya nos lo contó, ahora quiero vivirlo en directo.


Y ni un cuarto de legua llevamos andado cuando vemos venir hacia nosotros seis pastores con pellicos negros. Sus coronas de ciprés y adelfa, señales de luto y muerte por desamor, me dicen que  son pastores señoritos, de los que conocen el amor cortés. Vienen con dos de a caballo y tres de a pie.


 
Se juntan las dos comitivas. Como  todos van al entierro, caminan juntos.

Uno de los de a caballo habla con su compañero, al que se dirige respetuosamente como “señor Vivaldo”. Acabo de leer en CVC que “Se ha visto en este nombre un homenaje a Adán de Vivaldo, banquero genovés, vecino de Sevilla y amigo del autor”.

-Para servir a vuestra merced.

-¿Eh? ¿Quién me habla?

-El señor Vivaldo, señora mía, como voacé dice. Banquero, genovés, amigo del autor...puede ser. Ni afirmo ni niego. Yo sólo puedo decir aquí lo que don Miguel dejó en la estampa.

¡Cielo santo! Esta vez no es mi ordenador. Vivo dentro del capítulo 13,1. No sé cómo, pero me he convertido en personaje secundario. ¡Yo también! Debo ser la única mujer de la comitiva.


Camino con el grupo que se dirige al entierro de Grisóstomo. A mi lado va Vivaldo, ya se ha presentado y saludado; ahora me cuenta su reciente conversación con don Quijote. Y su punto de vista:

Como le digo a mi compañero, doy por bien empleada la tardanza que hiciere "en ver este famoso entierro". Un día o cuatro, nadie me espera en casa y mis rentas están a salvo. Este cuento de la bella y desdeñosa. Marcela bien lo merece.

"aquella endiablada moza de Macela"

Mi interés se acrecenta al ver a ese don Quijote, armado como un caballero andante de esas novelas que tan gratamente llenan  mis horas de ocio. Le pregunto qué le mueve a andar así y proclama su profesión caballeresca , a la cual está tan obligado. Todos mis compañeros le dan por loco y yo, por averiguar más, le torno a preguntar qué quiere decir "caballeros andantes".

¡Todos mis héroes desfilan por su boca! El rey Arturo, Lanzarote, la reina Ginebra con la dueña Quintañona, Amadís de Gaula, Felixmarte, Tirante, Belianís...No deja ni uno. Se los ha leído todos. Más que yo. Y dice que así se va por " estas soledades y despoblados buscando las aventuras". Y ofrecerá su brazo "en ayuda de los flacos y menesterosos".

De aquí.
Yo, por "pasar sin pesadumbre" el camino, quiero darle ocasión a que pase "más adelante con sus disparates". Le tiro de la lengua asegurando que la suya es "una de las más estrechas profesiones que hay en la tierra". Tiro un poco más y afirmo que "aun la de los frailes cartujos no es tan estrecha".

De aquí.

No esperaba esto. Sus razonamientos son propios de  hombre cuerdo y de claro entendimiento. Concluye que ni se le pasa por pensamiento que sea "tan buen estado el de caballero andante como el del encerrado religioso". Sólo opina que "es más trabajoso y más aporreado, y más hambriento y sediento, miserable, roto y piojoso". Don Quijote sabe que hay que ser prudente cuando se toca a la clerecía. Buenas pulgas se gasta el Santo Oficio.

Después le planteo un comportamiento poco cristiano  de los novelescos caballeros. Y es que , ante los peligros, se encomienden a su dama en lugar de encomendarse a Dios. Me responde que es uso y costumbre andantesca volver "blanda y amorosamente" los ojos hacia su señora; pero que no por eso dejan  de encomendarse a Dios, que tiempo y lugar les queda.

De aquí.

Y yo, deseando pillarle en falta, le expongo otro escrúpulo: si se les enciende la cólera y han de enfrentarse y uno cae muerto...¿cuándo se  encomienda a Dios el caído? A esto no me da respuesta alguna. Pero cuando añado que no todos los caballeros son enamorados, me contesta contundentemente "que eso no puede ser", no sería caballero legítimo.

Me viene a la memoria el caso de Galaor, caballero sin dama señalada. Se lo planteo y me sale al quite con eso de
"una golondrina sola no hace verano" .  Y que él lo sabe bien, estaba secretamente enamorado.







Una golondrina no hace verano, ¿dos?
 
¿Y la dama de don Quijote? Le suplico que "nos diga el nombre, patria, calidad y hermosura de su dama". Aquí da un gran suspiro y me la presenta así: "su nombre es Dulcinea; su patria, el Toboso, un lugar de la Mancha; su calidad, por lo menos, ha de ser de princesa, pues es reina y señora mía; su hermosura, sobrehumana..." ¿Princesa? ¿Reina? Aquí desvaría.

"Los cuentos de la abuela" (Kety Morales)

Muchas horas de lectura tiene este loco. Demuestra ser buen conocedor de  los "quiméricos" tópicos con que los poetas adulan a las damas. Y  todos adornan a la suya: "sus cabellos son oro, su frente campos elíseos, sus cejas arcos del cielo, sus ojos soles, sus mejillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su cuello, mármol su pecho, marfil sus manos, su blancura nieve..."



Sigo con mi examen y le pregunto por "el linaje, prosapia y alcurnia" de la tobosina. Me responde con una relación de antiguos linajes, comenzando por los romanos "Curcios, Gayos y Cipiones". Dulcinea no desciende de ninguno de ellos sino que "es de los del Toboso de la Mancha, linaje, aunque moderno, tal, que puede dar generoso principio a las más ilustres familias de los venideros siglos". No pongo objeciones, me limito a reconocer que "semejante apellido no ha llegado a mis oídos".

Dulcinea del Toboso

El señor Vivaldo calla. Por la quiebra baja la comitiva fúnebre que buscamos. Cuatro pastores llevan a Grisóstomo en unas andas cubiertas de flores. Estamos "donde él mandó que le enterrasen". Al pie de una "dura peña", comienzan a cavar la sepultura.

Todos los allí presentes contemplamos al difunto Grisóstomo: "cubierto de flores... vestido como pastor, de edad, al parecer, de treinta años; y, aunque muerto, mostraba que vivo había sido de rostro hermoso y de disposición gallarda".


"Entierro de Grisóstomo", Doré.
Libros y papeles rodean su cuerpo. Uno de las andas, su amigo Ambrosio, ha de cumplir lo dispuesto en el testamento. Al pie de esta peña vio por primera vez a Marcela, a la que llama "aquella enemiga mortal del linaje humano". Aquí"le acabó de desengañar y desdeñar". Aquí quiso que le sepultaran, "en las entrañas del eterno olvido".  
Ambrosio pronuncia un discurso, todo son alabanzas para Grisóstomo y reproches para Marcela:

"Único en el ingenio, solo en la cortesía, estremo en la gentileza, fénix en la amistad, magnífico sin tasa, grave sin presunción, alegre sin bajeza, y, finalmente, primero en todo lo que es ser bueno, y sin segundo en todo lo que fue ser desdichado. Quiso bien, fue aborrecido; adoró, fue desdeñado; rogó a una fiera, importunó a un mármol..."

¿Fiera? ¿Mármol?  Me muerdo la lengua para no soltar yo otro discurso paralelo, en defensa de la libertad de Marcela. No puede ser,  yo no soy personaje del Quijote, sólo lectora y comentarista entusiasta.

De aquí.
Todos miramos los papeles. Ambrosio nos dice que bien pudiera mostrárnoslos pero no puede. La orden del difunto fue "que los entregara al fuego en habiendo entregado su cuerpo a la tierra".
El señor Vivaldo interviene y manifiesta que "no es justo ni acertado que se cumpla la voluntad de quien lo que ordena va fuera de todo razonable discurso". Emplea buenos argumentos. Le pone el ejemplo de Augusto que desobedeció la orden de quemar la Eneida. Y expone que , dando vida a estos papeles, servirá de ejemplo "a los vivientes para que se aparten y huyan de caer en semejantes despeñaderos". Y ruega al "discreto Ambrosio" "que, dejando de abrasar estos papeles, me dejes llevar algunos dellos".

De aquí.
Vivaldo está acostumbrado a hacer su voluntad sin que se lo impidan. Sin aguardar la respuesta, alarga la mano y toma algunos de los papeles más cercanos. Abre uno de ellos y ve que se titula "Canción desesperada".

Ambrosio no se ha  atrevido a quitárselo. Resignado, le pide que lo lea en voz alta, por ser "el último papel que escribió el desdichado". Vivaldo lo hará de buena gana. Todos los "circunstantes" nos ponemos  a la redonda. Yo también estoy deseando oírle, pero...




Me despierto, la ventana es ventana y el Quijote sigue ahí. Es de día. ¿Cómo pude entrar ahí dentro?


Un abrazo para todos los que me seguís de:


María Ángeles Merino

Pedro Ojeda dice en "La acequia":

"Mª Ángeles Merino sigue haciéndonos el regalo frecuente de volver al Quijote para completar el comentario de aquellas entradas que tenía pendientes. En este caso, toca el capítulo 13 de la Primera parte. Tiene un giro sorprendente: ahora su ordenador no será poseído por un secundario, sino que..."


Entrada copiada de "La arañita campeña":

http://aranitacampena.blogspot.com.es/2012/03/comentario-mi-lectura-del-capitulo-131.html